Género y conflicto armado interno en el Perú

poder de marcar, asignar, clasificar. Las representaciones son ejercicios de poder simbólico que pueden llegar a ejercer violencia de carácter simbólico, «el poder de representar a alguien o algo de cierta forma dentro de cierto ‘régimen de representación’» (2010, p. 431). El proyecto de Hugo Neira impone un «régimen generizado de representación» sobre Agustina. Ella solo será fijada en el discurso a partir de determinados roles de género que le compete desempeñar obligatoriamente a partir de su constitución como mujer. Esta primera voz se caracteriza por su brevedad, veinte páginas en total y la misma brevedad de expresión ante las preguntas formuladas. Es una voz en tono menor que no encuentra un espacio de enunciación adecuado. La principal razón para esta limitación es la actitud de su interlocutor. Las preguntas resultan invasivas y violentas, pues intentan inducir sus respuestas. Quieren llevar a Agustina hacia un conjunto de respuestas que al parecer el entrevistador desea escuchar con apremio. En este sentido, otra característica común a todas las preguntas es que tienden a buscar una respuesta afirmativa o negativa y no promueven la construcción de una narrativa que se explaye desde su propia subjetividad. Por ejemplo, ante las represalias que ella recibía por la actitud de su esposo, el entrevistador le pregunta: «Al experimentar esos abusos ¿qué le decías al compañero Saturnino Huillca? ¿Le decías que por tu culpa estas cosas me suceden, le decías?» (Neira, 1974, p. 182). Obviamente recibirá de Agustina las respuestas que quiere escuchar. Si se ha afirmado que el testimonio nace de un diálogo, el testimonio de Agustina es un testimonio que se frustra en el camino, un testimonio contranatura, precisamente por esa incapacidad para promover un discurso a partir del diálogo. O a partir de las propuesta de Paul Zumthor (1991) sobre poética oral, este testimonio no alcanza a ser un «monumento», en realidad es un «documento» que da cuenta, atestigua cual documento jurídico, de la imposibilidad de la modelización de la palabra por parte de Agustina y de la organización de un discurso que adquiera densidad de significados que puedan llegar a darle el estatuto de «oralidad poética» monumental. La dimensión del testimonio para cuestionar un estado de cosas es directamente proporcional a la dimensión que puede alcanzar la performace oral para construir un discurso altamente persuasivo e interpelativo. La producción misma de su testimonio documental más bien parece querer convencerla y convencernos de que el modo autoritario es el 46

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