Género y conflicto armado interno en el Perú

departamentos de español en los Estados Unidos durante las décadas de 1980 y 1990, analizó la producción testimonial básicamente desde las categorías de clase y etnia, dejando de lado la variable de género. Además, centró todo su interés en un corpus limitado de testimonios, olvidando el amplio corpus producido en Latinoamérica. En otros términos, se produjo «la hipercanonización de un reducido conjunto de textos testimoniales enfocándose solo ciertos aspectos en el análisis» (Zevallos, 1998, p. 243). La interseccionalidad de las categorías de clase, etnia y género en el testimonio de mujeres cuestiona, entre otros paradigmas, la generalidad o universalidad de la categoría «mujer» como encarnación de un grupo homogéneo; pero incluso cuando hacemos referencia de un determinado grupo de mujeres, como las mujeres indígenas, pueden surgir marcadas diferencias. En el caso de mujeres como Rigoberta Menchú o Domitila Barrios, ambas poseen un discurso elaborado y sofisticado, sus voces hablan en tono mayor, se inscriben en un trabajo político y sindical. Ambas se construyen a sí mismas como una gran figura modélica que representa, abandera y defiende a sus respectivas comunidades. Por el contrario, Agustina y Asunta son mujeres del Ande sin participación política explícita, sus testimonios no se proyectan como historias épicas de reivindicación social y crítica a las estructuras del poder. En particular, sus testimonios son el reconocimiento de una vida de sufrimiento. Agustina, y sobre todo Asunta, nos narran las historias de una de las tantas supervivientes de un sistema signado por la opresión étnica, racial y de género. No todas tienen la misma capacidad para testimoniar ni para luchar contra los sistemas que las oprimen. Agustina y Asunta son las otras de Rigoberta y Domitila. 2.1. Agustina Huaquira Mamani, el primer testimonio de una mujer en el Perú Durante la década de 1960, el proceso social de modernización económica contribuyó a debilitar la dominación terrateniente del Ande (Arce, 2004, p. 18). El malestar del campesinado peruano se había tornado masivo, especialmente en el Cusco, y se tradujo en la formación de sindicatos en algunas haciendas. Estas organizaciones promoverían grandes movilizaciones a lo largo de la década de 1960. Para Howard Handelman, citado por Enrique Mayer, «La movilización campesina de principios de 1960 fue, sin duda, uno de los movimientos campesinos más grandes en la historia de América Latina» (2009, p. 48). Este es, a grandes rasgos, el 43

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