Género y conflicto armado interno en el Perú

representación, convirtiéndose de este modo en una inusitada plataforma representacional que no había podido ser forjada ni por la literatura ni por la antropología en sus vertientes más tradicionales. En el Perú, se presenta desde su aparición como una gran narrativa democratizadora, al visibilizar y producir discursos emergentes: la voz de un afrodescendiente — comunidad por lo demás escasamente tratada en la literatura y hasta ahora sin una tradición consolidada en las ciencias sociales—, la de mujeres andinas que hasta entonces habían tenido una reducida participación en las políticas representativas y que no había merecido la atención de los discursos indigenistas y antropológicos48. Finalmente, emerge la voz de mujeres urbanas en los testimonios ya mencionados. Definitivamente, el testimonio rebasa los límites de la literatura indigenista y la antropología culturalista al amplificar y crear una plataforma representacional de base amplia. No obstante, este tránsito de apertura representacional se fue dando gradualmente y continúa gestándose la mayoría de veces desde una imaginación antropológica, que dialoga con otras ideologías subyacentes en el gestor o gestora testimonial. En este punto, es acaso plausible acuñar el término «antropología testimonial» para definir aquel proceso discursivo que se vale de las herramientas de la antropología para exclusivamente producir relatos de vida en clave testimonial y no como herramienta metodológica. Pero además, la antropología testimonial —impulso para la producción de testimonios— recibe influjos de otros discursos interiorizados en los gestores, como el marxismo, en el caso de Hugo Neira y su trabajo con Saturnino Huillca. Estos otros influjos finalmente serán decisivos para el resultado final de la representación. 2. IRRUPCIÓN DE VOCES FEMENINAS: LOS TESTIMONIOS DE AGUSTINA HUAQUIRA MAMANI (1974) Y ASUNTA QUISPE HUAMÁN (1977) A diferencia del Perú, los testimonios de mujeres han merecido una mayor atención y han alcanzado gran popularidad y reconocimiento en Latinoamérica. Los dos casos emblemáticos son los testimonios de Rigoberta Menchú, gestado por Elisabeth Burgos-Debray (1983), y el de Domitila Barrios de Chungara por Moema Viezzer (1977). A partir de ellos se produjo un gran debate crítico para definir la especificidad y toda la complejidad del artefacto testimonial49. Esta crítica, enunciada desde los 42

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