dimensión cultural y de género, presentan una plataforma representacional más amplia para la expresión de la subjetividad de Asunta que Neira, quien desde un paradigma marxista ejerce una violencia simbólica que limita la expresión e identidad de Agustina. En este artículo, en un primer apartado daré cuenta de la relación del género testimonial con el indigenismo en el Perú y cómo es que el testimonio amplía los márgenes de representación indigenista y se abre hacia una serie de actores invisibilizados hasta las décadas de 1960 y 1970. En un segundo apartado abordaré los testimonios de Agustina Huaquira y Asunta Quispe y contrastaré el modo en que se produce la mediación de sus voces, las limitaciones y ampliaciones de las formas de representar — según el paradigma de los mediadores, una agenda marxista en Neira y una agenda antropológica en Escalante y Valderrama. 1. EL TESTIMONIO, LAS IMPUGNACIONES Y AMPLIACIONES DE LA PLATAFORMA REPRESENTACIONAL INDIGENISTA Carlos Iván Degregori y Pablo Sandoval afirman que el período indigenista en el Perú estuvo marcado por el paradigma del mestizaje: A la antropología latinoamericana la impulsó la nostalgia [...] de (re)construir un Nosotros homogéneos. A lo largo de la década del 1960, la contundencia de la realidad incidió cada vez más en la disciplina, hasta hacerla desbordar los marcos de esa primera etapa indigenista y exploradora, enmarcada [...] dentro del culturalismo, en la cual el folclor era el tema privilegiado, las comunidades el ámbito central y el trabajo de campo sacralizado como rito de iniciación [...]. Ese desborde se da por acumulación, conforme nuevos ámbitos, temas e influencias se incorporan a la antropología (2008, p. 37). Es decir, en las últimas décadas del siglo XX se instala un paradigma según el cual existe la conciencia de vivir en una nación no solo bicultural, sino pluricultural. Dentro de este proceso, el testimonio peruano se presenta como una superación de las dualidades estáticas y esencialistas del indigenismo clásico y la antropología indigenista y, más bien, evidencia en sus relatos la representación de identidades dinámicas y heterogéneas en constante reelaboración. María Teresa Grillo, a partir de la propuesta de Antonio Cornejo Polar, propone que la narrativa testimonial peruana es una narrativa heterogénea, vale decir, un discurso que es producto de la relación dinámica y conflictiva de dos espacios culturales —el occidental y el tradicional— la mayoría de veces antagónicos. 39
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