Género y conflicto armado interno en el Perú

geográficos, culturales y de género (Ulfe, 2013; Crisóstomo, en este volumen). En términos generales, la memoria es la evocación del pasado en el presente. Esta capacidad de «activar» el pasado en el presente38 corresponde a recuerdos singulares de las personas. Jelin (2011) advierte que estas memorias están encuadradas en marcos sociales y en relaciones de poder «donde algunas voces son más potentes que otras». Jelin también llama la atención sobre los riesgos y límites de los trabajos de memoria, la reificación y la construcción de memorias monolíticas o hegemónicas. En América Latina, aunque diversas instancias públicas y de derechos humanos han contribuido a conformar nuevos «sentidos culturales y simbólicos del pasado reciente», los prejuicios, estereotipos, estigmas, impunidad e intolerancia persisten. Jelin menciona que entre ellos —y a pesar de numerosos esfuerzos— los estereotipos más tradicionales de género «no pudieron ser superados» (Jelin, 2011, p. 556). La compleja y larga experiencia de violencia de Estado y guerras muestra que la memoria es un derecho de las personas pero que no es per se garantía de no repetición, «la memoria requiere formar parte de un proceso político mayor que fomente una cultura de derechos para actuar como un catalizador» (Del Pino & Agüero, 2014, p. 70). Y, sin embargo, la relación entre memoria y cultura política es de vital importancia. Como afirma Jerez (2013, p. 156) se trata de conceptos abstractos pero de gran relevancia, porque se refieren a «intangibles fundamentales de la vida social». El referido autor agrega que en momentos de crisis estructural, institucional, ética o moral, se activan las tensiones y se expresan los problemas no resueltos como «conflicto de memorias»39. Diversas experiencias muestran la capacidad de las movilizaciones sociales para «desafiar culturas políticas dominantes» en su dinámica de creación de representaciones, discursos, agendas e instituciones, a las que alude Jerez. En el Perú, también, hay evidencia de los modos en que los gobiernos y sectores autoritarios pueden movilizar el miedo para neutralizar las movilizaciones y reclamos sociales. En los últimos años se han abordado desafíos de gran envergadura teóricos y metodológicos, pero también ético-políticos; estamos en áreas sensibles que tocan la vida de las personas, sus sufrimientos, sus puntos de vista, respecto de lo cual es difícil mantenerse neutral. Ha habido una proliferación de trabajos de memoria, boom señala Denegri, explosión según Ulfe. Aunque los textos clásicos advierten sobre 24

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