Género y conflicto armado interno en el Perú

condición ciudadana y las inviste del carácter de violables o violentables. Es el caso de Adelina de ANFASEP, quien al defenderse de las agresiones físicas de su esposo es increpada por su suegra porque «una esposa tiene que soportar lo que le hace su esposo, si es que te para en un charco de sangre igual tiene que soportar» y es el caso que destacan también otras presidentas de ANFASEP acerca de la violencia sufrida por sus madres. LA VICTORIA CONJUGADA EN MASCULINO Y LA DERROTA EN FEMENINO Este libro, que abre inquietantes preguntas de las que en este espacio solo intento dar cuenta de algunas pocas, cierra acertadamente con un estudio de Victoria Guerrero centrado en la respuesta de quienes podríamos considerar como las hijas simbólicas de Agustina y Asunta a esta tradición de violencia de género que en el Perú se repite de generación en generación111. Los signos de interrogación del título del artículo, «¿Romper las cadenas?», sugieren un nuevo cuestionamiento a la línea temporal de progreso, esta vez a aquella en la que el discurso senderista se inscribió con promesas de transformar a futuro las relaciones de género y liberar a las mujeres peruanas de un secular dominio masculino que bajo el nuevo orden sería relegado al pasado. Al identificar como motivación central de las mujeres militantes del PCP-SL su deseo de reconocimiento como ciudadanas y su apuesta por reemplazar el referente paterno (padre, pareja, Estado) por una disciplinada camaradería (que aun si tutelada se identifica con la rectitud y justicia de sus principios), se asume en este artículo el antagonismo de género como una premisa movilizadora en la historia de las mujeres peruanas. Si en el nuevo orden instaurado por el senderismo el espacio privado desaparece, desaparecería también el mandato de género tradicional que asigna a las mujeres el rol de esposa, madre y guardiana del hogar. No debe sorprender por tanto que este discurso sedujera a muchas mujeres con la promesa de romper con un orden patriarcal que había sedimentado a lo largo de milenios en una jerarquía de géneros que, sin embargo, fruto del movimiento internacional de mujeres en marcha entonces, comenzó a ser repudiado precisamente en la época en que Sendero nacía a la vida política nacional. Sin embargo, sostiene Guerrero que esta aparente liberación de roles y espacios tradicionalmente asignados a las mujeres pronto se convierte en un nuevo mandato, tan opresor como el anterior en la medida en que el tradicional 158

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