SILENCIOS Uno de los muchos elementos valiosos que me gustaría resaltar de este artículo es que su autora opta por colocarse ella misma, desde su propio ejercicio de la memoria, en el escenario de las audiencias públicas que en su momento, como comisionada, tuvo la responsabilidad de organizar. La recolocación de sí misma se hace para volver a escuchar los testimonios quince años después, desde el espacio de la academia, lo que le permite reorganizar su primera lectura desde la escucha crítica antes que desde la empática. Esta mirada de la profesional que se vuelve sobre sí misma indagando acerca de la historia de su propio lugar de enunciación es la que nos ofrece asimismo Mercedes Crisóstomo. En su artículo sobre los estereotipos que el oenegeísmo nacional e internacional produjo sobre un universo femenino tan complejo y plural como el representado por las presidentas de ANFASEP, la autora examina el ‘nosotros’ desde el cual «acompañamos a las personas que vivían directamente el conflicto armado (mis cursivas)». Esta revisión de su lugar de enunciación deriva en una confesión acerca del ejercicio de estereotipificación en la que, escribe, «incluso yo misma he caído». Vale la pena señalar que se trata del único artículo de este libro cuya metodología incluye, más allá del archivo testimonial, un trabajo etnográfico gracias al cual la autora, en el proceso de investigación con las presidentas de ANFASEP en Ayacucho, recoge historias de vida por medio de entrevistas. Esta metodología mixta impacta el acercamiento de la autora al material testimonial de archivo, en tanto le permite cruzar el análisis del discurso con las entradas biográficas recopiladas, lo que deriva en una complejización muy enriquecedora de los testimonios estudiados y en una problematización del modelo de temporalidad lineal implícito en la estructura del libro. Las conclusiones de este artículo parecerían poner sobre el tapete lo sostenido por Macher acerca del particular proceso de empoderamiento que las audiencias públicas supusieron para las testimoniantes quechuahablantes, sugiriendo que en el caso de las presidentas de ANFASEP que ella estudia, la agencia que las distingue no es producto del conflicto armado interno ni de la CVR, tampoco de las ONG derechohumanistas ni de los académicos que trabajaron con ellas durante el conflicto armado interno, sino de una larga historia que precede a la intervención de todos estos actores. Las identidades que estas dirigentas activaron en la guerra dialogarían más bien con identidades que ellas mismas ya habían 154
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