estaría obligada a cumplir. Pregunta Neira: «¿Con conformidad y paciencia siempre la comida se la has preparado?». No está de sobra resaltar el posicionamiento binario desde el que se formula este interrogatorio. Más adelante, afirmando la autoridad de su lugar de enunciación inquisitorial y patriarcal, Neira reprende a Agustina por los supuestos reclamos de esta frente a las represalias que el activismo de Huillca le habría acarreado en su momento a ella y a sus hijos: «Al experimentar esos abusos ¿qué le decías al compañero Saturnino Huillca? ¿Le decías que por tu culpa estas cosas me suceden, le decías?». Como señala apropiadamente Huaytán, son harto evidentes las respuestas que deberá ofrecer la entrevistada, aunque me gustaría indagar también en las posibilidades reales de testimoniar bajo los métodos coercitivos evidenciados en este texto. El calificativo de coercitivo viene al caso porque en la lógica de la retórica de Neira apenas se emboza la amenaza que, de responder de manera contraria a la deseada por el entrevistador, se cierne sobre Agustina y queda claro que una respuesta independiente de Agustina resultaría en su humillación y castigo. Este posicionamiento de padre castigador que «invita» a la mujer a que hable pero solo para reafirmar la autoridad masculina bosqueja una primera modalidad de testimonio femenino interceptado taxativamente por el gestor masculino del texto, quien —en aras de sus propios intereses políticos— instrumentaliza y modela con tácticas abiertamente intimidatorias las respuestas de su entrevistada. El segundo testimonio, el de Asunta Quispe, que recogen en Cusco Ricardo Valderrama y Carmen Escalante, representaría una ampliación en clave democratizante del margen discursivo que Neira había concedido a su entrevistada, aunque su participación se sigue concibiendo desde los márgenes y siempre en su exclusivo rol de esposa. Porque si bien es preciso diferenciar entre la relación abiertamente vertical y paternalista que se establece en el primer testimonio y aquella más horizontal y dialógica del segundo, ambos textos comparten el mismo borramiento de la identidad de las testimoniantes en función a su rol de «esposas de» o «compañeras de». Prueba de ello es que en la primera edición de Gregorio Condori Mamani. Autobiografía (Cusco, 1977) se omite incluir en el título del libro el nombre de Asunta. Su nombre completo solo aparecerá en Andean Lives: Gregorio Condori Mamani & Asunta Quispe Huamán, la traducción que para Texas University Press hicieran Paul Gelles y Gabriela Martínez casi veinte años más tarde, en 1996, cuando ya los feminismos se habían ganado un espacio 150
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