Género y conflicto armado interno en el Perú

a la carcelería. Además, para acentuar el drama, la separación ocurre cuando la mujer está dando de lactar.El dibujo no está desprovisto de ideología: el hombre que le quita el niño a su madre es un encapuchado, un ser oscuro que representa a los enemigos, las fuerzas represivas del Estado. No hay que pensar que es una imagen inocente que solo está testimoniando la separación de una madre y su hijo. Hay una cuestión política en todo ello: si la guerra ya ha terminado, las imágenes enfatizan la lucha por los derechos dentro de la prisión: el derecho a las visitas, por ejemplo, y, particularmente, en la cárcel de mujeres, la cuestión de los hijos es un problema que se debe debatir. ¿Dónde se crían?, ¿con quién?, ¿cuántas veces pueden recibir visitas? El texto que alberga este cuadernillo es testimonio de lo anterior. Se titula «Nacido en la adversidad», y la autora cuenta su propia historia: ingresó al penal en el año 1992, cuando tenía 24 años, y cuatro meses de gestación. Debido a los maltratos y las torturas que sufrió en prisión, su hijo nació con un edema occipital derecho que se le complicó con ictericia. Solo podía verlo una vez por semana para alimentarlo, y, conforme fue creciendo, las visitas se hicieron más espaciadas. Así, se apunta a denunciar la ruptura del vínculo madre-hijo: Lo peor de todo es que, al ingresar, a mi hijo lo revisaban, lo desnudaban, le revisaban los pañales que llevaba puestos. Se imaginarán lo que significaba para el niño que se le tratara así. Al cumplir el año, solo pude verlo cada tres meses en las fechas señaladas para visita de niños [...] Esto significaba ver a mi hijo solamente cuatro veces al año, así se rompía, se mellaba la relación madre-hijo con él; esto, sumado a las revisiones, generaron en él un rechazo a los policías, entraba llorando y gritando: «Sáquenme de aquí» [...]. Ha sido en el año 99 que recién pudimos tener mejor vínculo con nuestros niños al darse la visita semanal, todos los domingos. Pero, en todo ese proceso, he tenido que luchar por mantener el vínculo con mi hijo, frente a la adversidad de las condiciones y gracias a mis abnegados padres, que supieron y se esforzaron por transmitirle cariño (Pacheco, 2005, p. 4; las cursivas son mías). En este testimonio se pone énfasis en las rupturas del vínculo afectivo, que aunque es instrumental no deja de ser real: el niño sufre y la madre también. Hay un deseo por mantener el vínculo a pesar de la situación de aislamiento. También es interesante notar que quien testimonia subraya la labor de los propios padres al calificarlos de «abnegados» y de haber sabido darle «cariño» a su hijo. El valor no está puesto sobre la cuestión política, sino sobre los afectos, sobre sentimientos que antes no eran 139

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