de sus diversos ciclos de vida, interrelaciones, prácticas familiares y comunales y en sus autorrepresentaciones hay matices y pluralidades. Los primeros ciclos de vida de las presidentas de ANFASEP y los cambios en los roles y relaciones de género que vivieron sus madres y padres estaban cambiando y reconfigurándose debido a los cambios sociales y políticos previos al conflicto armado interno. Esto redefinió roles y por lo tanto identidades. En el mismo sentido de modelo de identidad opera la ética del trabajo, trasmitida y promovida por sus padres y madres a partir de la vinculación e involucramiento temprano con el trabajo en el campo y el comercio en las comunidades. El trabajo, la migración y los cambios en los roles y relaciones de género han sido un espacio desde donde las presidentas de ANFASEP se han definido y que a su vez han utilizado como un espacio de agencia y empoderamiento. Incluso las experiencias de violencia y abandono abonaron en este sentido. Aquí he demostrado que ellas tenían una vinculación con el trabajo y el mercado mucho antes del conflicto armado interno. Por ello, concluyo que las respuestas, agencias y destrezas que desplegaron para enfrentar el conflicto armado definitivamente estuvieron influenciadas por sus experiencias y socializaciones previas, donde sus modelos de identidad fueron sus abuelos, padres, madres y los contextos de profundos cambios sociales y políticos en los que crecieron. Así vemos, que entre las presidentas de ANFASEP hay diferencias socioeconómicas, políticas y generacionales, hay diferentes grados de instrucción y proceden de distintas zonas geográficas de Ayacucho. Los estudios académicos e institucionales a los que antes me referí tienden a analizarlas como mujeres que se empoderaron o agenciaron sobre todo a partir del conflicto armado interno, invisibilizando o silenciando sus condiciones y diferencias económicas, sociales, políticas y generacionales, y también borrando o negando sus prácticas, agencias e identidades previas al conflicto armado interno. ¿Por qué desde la academia y desde el movimiento de derechos humanos se optó por esencializarlas en la dicotomía de víctimas o heroínas?, y, ¿por qué las propias mujeres, en este caso las presidentas de ANFASEP, silenciaron sus agencias e identidades previas?, ¿cuál es la imagen de sí mismas que querían que prevalezca? La respuesta, desde mi punto de vista tiene dos sentidos: la emergencia y la memoria. La predominancia de la situación de emergencia en la que vivíamos el conflicto armado nos llevó a elaborar estrategias, en este caso estrategias identitarias que pudieran 112
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