por dedicarse al cuidado de la casa y de los hijos de este familiar cercano. Luego regresó a su casa, donde sus padres adujeron que ella debía ayudar a criar el ganado y le hicieron regresar a la estancia junto a su hermanastra. La noción de abandono también fue especialmente destacada por Adelina, al narrar que su padre abandonó a su familia cuando ella aún no había nacido. Me cuenta que desde niña siempre pensó en buscarlo para preguntarle por qué los había abandonado, cosa que hizo cuando fue adulta. Sobre el encuentro con su padre cuenta: «Yo le dije, dicen que tú eres mi papá, no podía sostenerme, lloré allí, llorando le dije, ¿por qué nos has abandonado? Él me dijo “¿Por qué lloras?, así ha sido”. Empezó a hablar en contra de mi mamá. “Yo no sabía que estaba gestando tu mamá”, me dice. Yo le dije, ¿cómo así? Si mi hermano ya estaba grande, ¿cómo no vas a saber?, le dije». Adelina tiene rencor a su padre por haberla abandonado, «Para mí es como si estuviera muerto». De otro lado, sabemos que las relaciones entre hombres y mujeres muchas veces están jerarquizadas y mediadas por la violencia. Sin embargo Adelina optó por defenderse de esta violencia también golpeando a su esposo: «De los pelos le he agarrado, me levanté y le arañé. Mi suegra le ha reclamado y le ha dicho que una esposa tiene que soportar lo que le hace su esposo, si es que te para en un charco de sangre igual tiene que soportar». Este tipo de violencia solo me fue referida explícitamente por Adelina. Las otras presidentas de ANFASEP no me refirieron experiencias de agresión por parte de sus esposos, destacaron, por el contrario, que quienes sí sufrieron hechos de violencia fueron sus madres. En la generación de sus madres había violencia dentro del espacio familiar, pero en su generación esto se habría reducido o eliminado, o por lo menos, como ilustra el caso de Adelina, las mujeres ya habían comenzado a responder también a esta violencia. En las narraciones sobre sus socializaciones tempranas veo que las presidentas de ANFASEP idealizan la vida de las comunidades. Los hechos que destacan en forma particular son las fiestas y momentos de compartir junto a sus padres y hermanos, obviando o silenciando los hechos y las tensiones que se vivían dentro de las familias y en sus contextos locales de referencia, donde —como hemos visto antes— ya se daban importantes cambios sociales. En este contexto, el olvido no es la negación de lo vivido sino la reelaboración de sus experiencias, que nos hablan de los usos y trabajos de la memoria que las presidentas de ANFASEP desplegaron al narrarme sus historias. Las narraciones sobre 110
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