históricos en los que las presidentas de ANFASEP han socializado, existen coincidencias al cuestionar, mediante su experiencia, que la preparación de alimentos fuera una actividad exclusiva de las mujeres. En las zonas rurales de Ayacucho donde ellas vivían, cocinar también era una actividad que desarrollaban los hombres. Esto me lleva a concluir que también se han construido estereotipos sobre los roles y relaciones de género al interior de las comunidades de Ayacucho. Aquí vemos que los roles productivos y reproductivos no solo estaban encasillados al género sino más bien respondían a una lógica utilitaria, como ha sugerido De la Cadena. También hemos visto que las presidentas de ANFASEP formaron parejas y contrajeron matrimonio en tiempos y contextos sociales distintos. Pese a ello, coinciden en haber contraído matrimonio e iniciado su maternidad entre los quince y dieciocho años. Probablemente el caso de Angélica —que se casó en la década de 1940 bajo la modalidad concierto — sea el punto de partida para dar cuenta del cambio que ha experimentado la institución del matrimonio en las comunidades de Ayacucho. Conversé sobre esta forma de matrimonio con las otras presidentas de ANFASEP y señalan que probablemente sus madres — contemporáneas de Angélica— se casaron con esa costumbre, pero enfáticamente dijeron que ellas no. Este cambio en la dimensión simbólica y por ende en la dimensión social y política del sistema de género se habría dado por el proceso de migración que se dio en Ayacucho a partir de 1950, por el incremento de la presencia del Estado a través de la educación en las zonas rurales de la región y por la modernización (Degregori, 2010) que los campesinos ya habían emprendido antes de que se iniciara el conflicto armado. Precisamente las vivencias de las presidentas de ANFASEP muestran que entre ellas hay diferencias claras porque han crecido y se han socializado en contextos y coyunturas distintas, pertenecen a generaciones diferentes y por lo tanto no se pueden plantear análisis y argumentos que las homogenicen. En relación a la maternidad, pese a las dudas y temores iniciales sobre la crianza de sus hijos, las presidentas de ANFASEP — solas o junto a sus esposos— recrearon y reaprendieron su rol materno. Destaco el hecho de reelaborar, porque cuando eran niñas ayudaron en la crianza de sus hermanos menores. Una de las entrevistadas señaló que su esposo le enseñó a criar a su hija, eso porque él anteriormente ya había tenido hijos y conocía un poco más sobre los cuidados iniciales de los recién nacidos. En este tema, también, las historias son distintas. Felícitas y Lidia fueron madres solteras antes de casarse. Como ya he reseñado en el 108
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