secundarios, ya que en su comunidad no se enseñaba ese nivel educativo. Analizo estas distintas motivaciones y circunstancias de la migración como una forma de trascender el círculo de pertenencia y arraigo comunal y familiar: la agencia no necesariamente radica en el proceso de migración, sino en la decisión de ampliar horizontes y espacios de actuación desplazándose del lugar de nacimiento70. A una escala más amplia, en Ayacucho estas decisiones de migrar llevaron al crecimiento de las zonas urbanas y el incremento de las zonas urbano-marginales en las ciudades capitales de las provincias, hecho que hizo cambiar de forma drástica la composición social de la ciudad de Ayacucho. A través de sus narraciones, las presidentas de ANFASEP vinculan los roles de las mujeres dentro de la familia con otros campos de la vida más amplios y complejos, donde la familia y los roles de sus integrantes se relacionan directamente con la economía. Según De la Cadena (1985), los roles de las mujeres campesinas deben comprenderse desde su ubicación en una organización social que tiene como base a la familia, lo que conlleva a derechos y obligaciones económicas, sociales y rituales. La forma como se asigna el trabajo dentro de estos grupos se guía por los criterios de especificidad y eficiencia según la edad y el género, y prima el criterio de utilidad. En la narración de los roles de género en la actividad del arrieraje, Lidia explica que hombres y mujeres se levantaban temprano, las mujeres cocinaban y los varones se encargaban de levantar las carpas, y que tanto hombres como mujeres cosían y embalaban el cargamento. Lidia enfatiza que todos los integrantes de la familia realizaban las tareas necesarias para el mantenimiento y atención de la familia, los animales que llevaban y del cargamento para la venta o intercambio. Desde la perspectiva hegemónica del sistema de género71 las mujeres son las responsables de cocinar, pero los relatos de las presidentas de ANFASEP difieren también en este aspecto de aquellos análisis que colocan esta actividad como exclusividad de las mujeres. Adelina cuenta: «Yo no sabía cocinar de la ciudad, no sabía. Yo cuánto me recuerdo cuando mi esposo me decía “¿Sabes que, Adelina? Cocínate un sudado de pescado”. ¡Ay, Dios mío!, cómo se hará ese sudado». Adelina narra esta historia para contarme que su esposo le enseñó a cocinar comida de la ciudad. Lidia cuenta que ella aprendió a cocinar porque su mamá le enseñó, además agrega que también aprendió mirando lo que cocinaban tanto su padre como su madre. A Felícitas le enseñaron a cocinar sus hermanos de «compromiso». Es interesante conocer que pese a la diferencia de tiempos 107
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