Género y conflicto armado interno en el Perú

para sustentar la economía de su familia. Estas experiencias contrastan con las de Adelina, quien no tuvo el apoyo de su esposo para continuar sus estudios ni para trabajar. Respecto al anhelo educativo y a las expectativas por asistir a la escuela, pese a la pluralidad de las circunstancias, podemos señalar que todas las presidentas de ANFASEP comenzaron sus estudios primarios aproximadamente entre los ocho y trece años, a excepción de Angélica que lo hizo a los dieciséis. Los estudios se hacían de forma paralela a las responsabilidades dentro de la economía familiar: «Aquella época la escuela era en la mañana y en la tarde y también había que dar de comer a las vacas, llevarlo a un sitito para que pueda comer su pasto, a todas esas cosas nos mandaban no era solo estudiar», señala Elena. Los padres de Elena, Adelina y Felícitas querían que sus hijas estudien. «Estudia, estudia, tienes que estudiar», era algo que ellos les decían constantemente. Me parece que este anhelo de los padres campesinos de ver estudiar a sus hijas es parte de un cambio en las percepciones y creencias sobre la educación de las mujeres. En las historias de Elena, Adelina y Felícitas —entre 1960 y 1970—, la educación de las hijas mujeres comenzó a valorarse y tomarse como una posibilidad. Esto imprimiría nuevas pautas para las relaciones de género en las zonas rurales y cambios en las propias subjetividades de las mujeres, que ahora ya podían acceder a la educación. Sin embargo, pese a este cambio en la dimensión simbólica y sociopolítica del sistema de género, Elena, Adelina y Felícitas dejaron de estudiar «porque se encontraron con el matrimonio» e iniciaron su maternidad. Aquí imperó la norma o costumbre no oficial ni escrita —más bien cultural— que mandaba que las mujeres se casen y sean madres a temprana edad. La situación de Angélica difiere sustancialmente de lo antes presentado, pues su familia tenía los recursos económicos para que ella estudiara, pero en la coyuntura sociopolítica en la que ella creció aún no se asentaba la noción de que las mujeres también podían estudiar69. En relación a la migración, las presidentas de ANFASEP tuvieron esta experiencia en su infancia y juventud. Destaca el caso de Elena, la única que migró del campo a la ciudad para trabajar, a diferencia de las otras que migraron hacia Huamanga a estudiar. Recordemos que cuando Elena tenía once años viajó a Ica para trabajar cuidando niños. Angélica migró junto a su esposo y sus hijos —primero de Huambalpa hacia Vischongo y luego hacía Huamanga— porque su esposo era profesor y lo reasignaron a la ciudad. Adelina migró hacia Huamanga para continuar sus estudios 106

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