Género y conflicto armado interno en el Perú

Lidia señala: «Viajábamos a las punas, viajábamos a las ferias con mi papá cuando estaba sola [se refiere a cuando estaba soltera]. Viajaba por Huancasancos, por Puquio, por Lucanas, a esos sitios íbamos a vender. Llevábamos mercadería, en mulas cargábamos, allá vendíamos. De allá traíamos también otros productos». Estas vivencias les imprimieron habilidades específicas para el trabajo y la interacción social. Ruiz-Bravo (2004) ha reflexionado, en términos de ética del trabajo, sobre la relación y participación activa de las mujeres con la economía. Esta autora analizó la formación de las identidades femeninas en el medio rural andino de la sierra sur (Puno) y de la costa norte (Piura) y concluyó que «existe una relación dialéctica entre los sistemas socioeconómicos, las matrices culturales, los sistemas de género y las identidades femeninas» (RuizBravo, 2004, p. 315). González (1999) hace un recuento histórico de la vinculación de las mujeres con la economía a través de su análisis de las vivanderas de Ayacucho entre fines del siglo XIX e inicios del XX. Explica que «vivanderas» es el nombre con el que tradicionalmente se ha conocido en Huamanga a las mujeres dedicadas a vender productos de diversa naturaleza. González sugiere que alrededor de las vivanderas se elaboraron estereotipos que las calificaban como «levantiscas», «con poca disposición para acatar las normas», «con actitudes desafiantes», «perniciosas», «malas mujeres», «sucias». Pese a estas connotaciones negativas, «las mujeres del gremio de vivanderas cumplieron un papel importante en los diversos movimientos populares que ocurrieron en Huamanga en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX» (1999, p. 268). En las historias de Felícitas, Lidia, Elena y Adelina hemos visto que en algún momento de sus vidas se dedicaron a la venta de productos en el mercado central de Ayacucho, algunas durante la infancia y otras sobre todo cuando se casaron. Elena trabajó junto a su esposo para lograr una tienda bien abastecida en su comunidad. Cuando Lidia se casó, trabajó junto a su esposo en el arrieraje. Recordemos que ella se dedicaba a esta actividad desde que era niña y también antes de casarse se dedicó a la venta de productos en el mercado de Ayacucho. Felícitas cuenta que antes de que se inicie el conflicto y antes de ser parte de ANFASEP formó el primer club de madres de Carmen Alto: «Organicé a las madres, gestioné la ayuda para el comedor, como líder estuve allí, el comedor se llamaba Virgen del Carmen»68. Podemos entender su participación en los club de madres como los pasos iniciales en un proceso más amplio de participación social y política. Además de esto, trabajaba como costurera 105

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