Flora Tristán, precursora

los hombres que Ja conocieron en aquellos tiempos; pero es po– sible que careciera de lo que se llama apetito sexual, pues no está entre sus aventuras una juventud descarriada, ni aún como defensa ,de su propia vida, lindante con la más triste pobreza. Y es, asimismo, reveladora su escasa actividad amorosa, tal vez co– mo una estudiada condición de no enturbiar su imagen . de res– peto a las conveniencias sociales. La vida sexual de Flora se inicia, sin lugar a dudas, cuando contrae matrimonio con André Chazal, con apenas 17 años, más que enamorada, por la necesidad urgente y los consejos de la madre, . para liberarse un poco de su estado de extrema mis-ería. Es posible que este hombre enamorado le diera amor y felici– dad en los primeros años de su unión. L. A. Sánchez así lo con– jetura en su libro "Un.a Mw.jer sola contra el Mundo", (3) con lujo de detalles sin duda de su personal invención. El conoci– miento sexual debe haber sido para Flora un.a experiencia que sació sus anhelos de mujer. La ruptura con el marido debió producirse muy temprano, pues Flora recibe el nacimiento de sus dos primeros hijos; sin el entusiasmo propio de la madr•e y es al saberse embarazada por tercera vez que ella se aleja del marido, y da lugar al inicio de las persecuciones que ensombrecen la m·ayor parte de su ju– ventud. En talles circunstancias y haciendo la vida de- precaria es– tabilidad emocional es difícil que Flora tuviese algún romance, por lo menos, no lo consignan sus biógrafos como re.al , sin dejar de insinuarlo como posible. En sus episódicos viajes a Londres, como niñera o institutriz, no hay indicios de que Flora tuviese algún idilio escondido, pues no aparece ni -ella lo menciona, salvo que se halle mimetizado ·en sus novelas o escritos posteriores. En la época que vivió en el Perú, un año más o menos, tuvo relaciones de amistad con muchos hombres, qu~ inclusive., la requirieron de amores, entre ellos el marino Zacarías Cha– brié que llegó a proponerle matrimonio y llevarla lejos del sufrimiento que padecía en París, a un nido de a.mor en Ca1i– forni.a; pero a. pes.ar de ser uno de los pocos a quienes ella de– mostró afecto y gratitud, desechó sus proposiciones porque bien sabía que le era imposible semejante compromiso siendo una mu– jer casada. Entre · sus admiradores peruanos, están el .funcionario del 81

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