Flora Tristán, precursora

bajo el pretexto de que Mariano Tristán y Mosccso, era aún un súbdito del' Rey de España y estar Francia en guerra con– tra este país. No se tuvo en cuenta que la madre, Teresa Lays– né era de nacionalidad ·francesa y asimismo, los dos hijos n.a– ci-do·s del matrimonio en la misma Francia: sólo importó para el cruel despojo el ya aludido motivo. Y para rematar, sin duda por instruc-ciones ¿el Perú, el cónsul peruano; en acto inconcebible, procede a recabar los archivos y toda la documentación del señor Tristán, como pren– da inembargable del Gobierno francés·, sin proceder a verificar si habían documentos probatorios que reconocieran el derecho de la esposa y de los dos hijos. Al despojo francés se agregó así el despojo peruano o español, sin parar mientes en la situa– ción de una familia, la madre y los dos hijos, en el más bru– tal des.amparo. Que así funcionaban las leyes en aquellos tiempos. Es desconocida la vida de la familia en un lapso de más o menos 15 años, cuando ya ha muerto a temprana edad, el hijo de Mariano Tristán y Flora ha vivido los avatar_es de la ines– tabilidad, la pobreza y el conocimiento de su cudosa legitilni– d.ad (1) como hija del peruan-o. Hay que pensar, pues, en una adolescencia y una juventud desprovista de todo halago, deam– bulando por los barrios de última categoría, .agenciándose ella y la madre, -de lo indispensable par.a sobrevivir. ¿Industrias ca– s·eras? ¿Servicio doméstico? Es ahí cuando ella aprende no:io– nes de una cultura elemental -(la mé:J.dre fue una mujer de la· pequeña burguesía, inteHgente y de ideas liberales, por lo cual huyó de París y en España fue recibida en la buena sociedad, donde conoció al que fue su marido y muchos m:embros de la colonia latinoamericana, entre ellos, el futuro Libertador ce América Simón Bolívar)- (2) y conocimi·ent0s de dibujo. Al ser despojada de su hogar y tener que refugiarse en el campo, o-pta después por regresar a París, al París alegre que disfruta de cierta estabilidad después de los movimientos políticos últimos, e'l París que nada puede darle a la errabunda familia, sino lo que es más proverbial en las mujeres pauperi– zadast o sea "la industria femenina más .antigua del munco": . la prostitución, para no morir de hambre. Pero ninguno de sus biógrafos concuerda en señalar- a ninguna de las dos, la madre o la hija, como que hubieran acudido a semejante procedimi2nto. Flora es una muchacha hermosa y sin duda, apetecida por .80

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx