Flora Tristán, precursora
- consulado peruano, Felipe Bertera, el señor Escudero, -ya en e.l Perú- y algunos más que pusieron un poco de calor y afecto en su vida, pero sin llegar a una relación más íntima, sin duda porque ella mantenía su imagen de mujer honesta, ante ia socie– dad peruana y su propia familia que la hubieran juzgado seve- ramente. · El amor físico estuvo bastante distante de la vida de Flo– ra, y hay demostraciones que, en este contexto, más bien pue– de situársele como una reprimida sexual -su experiencia ma– trimonial- o tal vez una frustrada sexual, obligada por aza– rosa vida, lo que explica sus cambios de carácter, sus actitudes de aislamiento o reclusión que podrían responder a su falta de actividad sexual, necesaria a su propio equilibrio físico y emo– cional. No obstante, todas las supos1c1ones, hay indicios ciertos de que Flora debió despertar pasiones volcánicas, a su regreso del Perú, especialmente, como la del abate Constand -Eli– phas Leví en el ocultismo- que le fue fiel hasta muchos años después ·de su muerte, quien concibió una pasión arrolladora por la Paria, de la que escribió cuando aún vivía Flora, un li– bro llamado "La asunción de una mujer o el libro del amor" (4) unos salmos semipaganos, que la ensalzan y la zahie– ren al mismo tiempo, ante la impasibilidad de su amada: ~'Flora es la soberbia personificada del más completo, del 1ná~ im·placable orgullo. El Satán de Milton debe haberse muerto de despecho desde que ella ·está en el mundo. H:ay que cono– cer a esta mujer para admirarla y estremecerse". Flora vivió entre hombres, mucho más que en la vecindad ce · las mujeres. Salvo en su etapa de Mujer Mesías. Los hom– bres la admiraron y la amaron, sin que por ello se les pueda señalar como sus amantes. Como dice Ventura García Calderón. difícilmente hubo mujer de su tiempo que fuese más amada Y admirada en París. Sin embargo, apenas si supo lo que P.r.a el amor a plenitud, su disfrute total, como mujer. Porque Flora fue un ser espiritualmente solo, sin raíces profundas de afectos, sin la humana presencia de un amor com– partido, sin remisión alguna. Sus mejores admiradoras fueron sólo Paulina Roland, su seguidora en el peregrinaj-e y el ideal y Elreonora Bllanc la humilde mujer que la .acompañó hasta el día de su muerte. Artistas, escritores, poetas, políticos, obre·· ros, formaron los cuadros de sus mejores amigos. Bella, intp·· 82
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