Flora Tristán, precursora

pequeño salario de su trabajo diario y en la casa no es más que una pobre sirvienta. "Resultado de ésto es que el marido trata a la mujer co– mo mínimo, con profundo desprecio. La pobre mujer que se siente humillada en cada palabra, en cada mirada que su ma– rido le cirige se rebela abierta o sordamente según su carác– ter, de aquí surgen las escenas violentas, dolorosas, que ter– minan por provocar entre el dueño y la sirvienta (incluso se le puede· liamar esclava porque la mujer por así decirlo, es propiedad del marido) un estado constante de irritación. Este estado se vuelve tan penoso que el_marido, en lugar de quedar– se en casa para charlar con su mujer se apresura a huir, y e-o– rno no tiene absolutamente ningún otro lugar a donde ir, va a la taberna a beber vino tinto con otros maridos o más feli– ces que él, con la esper~nza de aturdirse. "Esta forma de distracción agrava el mal. La mujer que espera la paga del domingo para hacer vivir a toda la · fami– lia durante la semana, se desespera al ver que su marido va a gastar la mayor parte en la taberna. Entonces su irritación llega al colmo y su brutalidad, su maldad, se redoblan. Hay que haber visto de cerca estos hogares (sobre todo los peores) para ha- .cerse una idea de la desgracia que sufre ~l marido, del sufri– miento que padece la mujer. D-e los reproches, de las injurias, se pasa a los golpes, después a los lloros, al desaliento y a la desesperanza . "Después de l¡is agudas tristezas causadas por el marido, vienen a continuación los embarazos, las enfermedades, la falta de trabajo y la miseria, la miseria que siempre está clavada en la puerta como una cabeza de Medusa. Añadid a todo ésto la irri– tación permanente causada por cuatro o cinco niños chillones, re– voltosos, fastidiosos, que están dando vue~tas alrededor de la madre, y ésto en la pequeña habitación del obrero, donde no hay lugar para moverse. ¡Oh! habría que ser un ángel bajado a la tierra para no irritarse, no convertirse en brutal y malvada en · semejante situación. Y entre tanto, en tal ambiente familiar, ¿qué es de los niños? No ven a su padre más que .por la noche y el domingo. Este padre siempre irritado o borracho, no les ha- • bla más qu·e enfurecido y no reciben de él más que injurias y golpes; oyendo a su madre lamentarse continuamente, le cogen odio, desprecio. En cuanto a la madre, la temen, la obedecen, p'e-ro no la aman; pues el hombre está hecho así, no ~uede amar 73

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