Flora Tristán, precursora
acuestan en dormitorios ~1quilados''. •Continúa: "Vosotros no queréis instruir al pueblo puesto que le prohibís reunirse por el temor de que se instruya él, hable de doctrinas políticas o sociales; no queréis que lea, que escriba, que piense cop el temor de que se rebele! ¿ Qué que,. réis que haga? Su único recurso es la taberna. Abrumados de miseria, de penas de toca clase, ya se.a en su casa o donde los patronos, o en fin, porque los tr.abaj,os repugnantes y forzosos a los que están condenados les irritan de tal forma el sistema nervioso que se vuelven a veces como locos y en este estado, para escapar a sus sufrimientos, no encuentran otro refugio que la taberna". "Frente a hechos semejantes, se encuentran en el mundo gentes a quienes se califica de virtuosos, religiosos, que .estable– cic.os confortablemente en su casa, beben, en cada ca-mida y en abundancia, buenos vinos y esas gentes meten hermosos rollos morales contra la embriaguez, la disipación, la intem– perancia de la clase obrera!". "En el curso de los estudios que he hecho sobre les obre– ros (desde hace 10 años me ocupo de eso) jamás he encontrado embriaguez, vetdader.a disipación, -entre los obreros felices en su casa y que gozan de una cierta holgura. Mientras entre los que son desgraciados en su hogar y están sumidos en una 'mi– seria extrema, he encontrado borrachos . incorregibles. "La taberna no es, pues, la causa del mal, sino simplemen– te, su efe'cto. La causa del mal está únicamente en la ignoran– cia, la miseria, el embrutecimiento en que está sumida la clase obrera. "Instruid ail pueblo y en veinte años los vendedores de vino tinto, que tienen tabernas en las puertas de la ciudad, cerrarán la puerta ante la falta de consumidores'' (3). Pero Flo-· ra insiste en descubrir las razones por las cuales las mujeres del pueblo, por lo general, son brutales, malvadas; a veces du– ras. Es verdad, dice, pero de qué proviene este estado de -co– sas tan poco conforme con el temperamento dulce, bueno, sen– sible y generoso de la mujer? "¡Pobres obreras! ¡tienen tantos motivos par.a irritarse!. En primer dugar el marido. Hay que recono,cerrlo, existen pocos hogares obreros, felices. El marido que ha recibido más instrucción, que es el jefe por ley y tam~ biéh por el dinero que trae al hogar, se cree, y de hecho lo - es, muy. superior a la mujer, que no aporta nada más que el 72
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