Flora Tristán, precursora

la gran RevolÚción ·de los Túpac Amaru, hacía sólo 40 años, la que conmoviera toda Sud América levantando a millares de com– batientes indígenas que pagaron con sus vidas su gesto libertario. contra la brutal sujeción . _española, siendo por ello mismo, , los primeros precursores de la Libertad Americana, en 1780. ·· En Lima, aparte de políticos y militares y gentes pertene– cientes a la vieja y nueva aristocracia, descendientes éstos de la Colonia en proceso de readaptación, Flora conoce a una sola mu– jer que despierta su admiración y su piedad: la famosa Francisca Zubiaga de Gamarra, apodada la Mariscala (5). Pero la conoce justamente cuando está en el ocaso de su gloria. Tan joven como Flora con todo el arrojo y la inteligencia de que es capaz 1 a mu– jer cuando halla c9-mpo propicio para desenvolver sus cualidades innatas o de dominio sobre el conglomerado de gentes incapaces, de tomar iniciativa por si mismas y asumir la responsabilidad que exigen las circunstancias de mantener el poder político eq un país· carcomido por la anarquía, ingobernable y asediado poi las a~biciones de quienes pretendían su dominación como predio exclusivo. Que esa era entonces la Historia de la América recién · emancipada. Y esa era la situación que afrontaba la Mariscala, virtual Presidenta del Perú, esposa del Mariscal Gamarra, quien gobernó el Perú entre los años 1829/33, 1838/40, 1840/41. De· es– te modo se sucedían y se apoderaban del poder los caudillos afor– tunados. La Mariscala hizo pro-funda impresión en la sensibilidad de Flora, más cuando le fue narr.ada su corta pero valiente qistoria. (i6). No todo era frivolidad. La Mariscala era un ejiemplo, bueno o malo, de la inteligencia y la audacia de una mujer. Flora logró _ tener una entrevista con ·la Mariscala, a bordo def bárco que la llevaba a su destierro y a su · muerte. Ambas simpatizaron y la Mariscala acentuó sus demostraciones de afecto con Flora, por encontrarla una valiente mujer defensora de sus derechos, negados por su aristocrática familia. La estadía de Flora en el Perú -Arequipa y Lima- deja una honda huella en su espíritu, que enrumbará sus posteriores acciones a su regreso a París y sin duda, durante el resto de su vida. Lima, más que Arequipa, le desagrada, se le hace dificil con– vivir con sus gentes. Aquí las costumbres son más liberales, pero igualmente ajenas a la solidaridad humana. Las distancias en·- 47

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