Flora Tristán, precursora

fue la desilusión cuando-llegó el esperado día en que ambos afron– taron el tema de los derechos de la sobrina. ·Después de . largos circunloquios en los que Flora no se sentía con valor suficiente para hablar con su tío, tuvo la terrible sorpresa de escucharle decir que no siendo ella hija legítima de su hermano Mariano, nn le alcanzaba ningún derecho a la herencia. Fue en vano que Flo– ra alegara argumentos contenidos en las circunstancias del ma– trimonio de sus padres y en la repentina muerte del padre -sin . haber legalizado el matrimonio, ·que todo resultó insuficiente pa·· ra que el tío Pío admitiera como legítima a 1a hija nacida en tan precarias c~ 1'.'c.unstancias. Así lo afirmaban tanto las leyes ce España como las aún vigentes en el Perú. A base de h~ generosidad del tío Pío, éste le asignó una p,::an- · sión en París •b -y el pasaje de regreso-. l,3) Frustradas sus esperanzas Flora decidió regresar a París, pe· ro antes pasó por Lima, donde estuvo dos meses con algunos fa– nliliares del tío Pío. Lima como Arequipa la sorprendió por el lujo, la frivolidad de las muj:eres, asi como por· su despreocupactón por la cultura. Las mujeres habían inventado· un -curioso ,disfraz, la saya y manto, detrás de cuyo anonimato podían ocultar sus grandes o pequeños caprichos, cubriéndose la cara y dejando al descubierto sólo un ojo, Flora advierte que la limeña ejerce una real influen– cia en la vida política y social, sin inhibiciones de ninguna clase. Con aguda inteligencia, lo único que las desmerece es su falta de cultura, salvo en ia música, el baile y 1a,s artes domésticas. Así como sus reflexiones sobre Arequipa, Lima le mereció variados comentarios, no del gusto de los peruanos, pues en el prólogo del historiador Jorge Basadre (4), éste le censura el excesÓ de críti- . cas que hace a los peruanos, fundadas muy especialmente, en defectos provenientes de la seruela dejada por las guerras ce in– dependencia y las desavenencias de los militares. Arequipa se convirtió en un foco de tensiones con repercusiones ~n la ·Capi– tal, basadas ·en la aún no superada herencia española y la no d·e– saparecida aristocracia del mismo origen, muchos de los cuales añoraban el antiguo sistema colonial, sus títulos y privilegios. Luego, s~ hacía difícil admitir que fueran no peruanos los que habían proclamad_o la libertad, con milicias importadas, haciendo recaer en soldados colombianos o venezolanos y hasta chilenos, los éxitos de la Independencia. Frases ofensivas rodaban por allí, cuando se decía que "el Perú había sido liberado del colonialis– mo por extranjeros", olvidando, posiblemiente, en acto rencoroso, 46

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