Flora Tristán, precursora
tre ricos y pobres son abismales · y también en la Capital ¿e 1a flamante República prevalece el odioso sistema de la esclavitud. Tanto en las haciendas de los alrededores que Flora llega .a cono– cer, como en el servicio doméstico de las grandes familias posee- , doras de palacios, el indio y el negro continúan esclavizados. La Independencia no ha podido alcanzar los niveles inferiores de una sociedad basada en la explotación de los desheredados. Todo con– tinúa conio en el régimen colonial y como entonces, el c0lor de la piel, la fortuna y los apellidos sonoros son lo~ que marl!an las dis– tancias. (7) Flora está en vísperas de emprende.r el viaje de regreso a París. Hace un somero recuento del tiempo transcurrido ·y de los aconteci!l)ientos que le ha tocado vivir. El enc11entro con su fa– milia peruana, sus usos y costumbres, la religiosidad que osten– ta tan ajena a los verdaderos preceptos cristianos, porque hast~ en los conventos se hace alarde del lujo y del dispendio, la in– creíble actitud del tío Pío al -desahuciarla en sus esperanzas y no reconocerle ningún derecho a la herencia de su padre; las humi– llaciones, sufridas en el Perú tanto o má,s que en Pa~ís las injus– ticias, las ofensas que ha debido soportar de sus parientes perua· nos, se acumulan en el corazón de Flora. Es un fermento amargo que va generándose en su alma por la frustración de los mejores años de su vida. La separación de sus hijos obligada a esconder– los por el miedo al escándalo. Y la amenaza de recomenzar la persecución y el asedio del mariéio, que sin duda está· a la esoera de su regreso. Flora está leyendo de nuevo el Werther de Goethe, y pasa por su espíritu una tremenda depresión. Está a punto de suicidarse. Pero se arrepiente y piensa que todavía -es joven y debe vencer sus sufriml'entos y volver a la lucha. Advierte el alumbramiento de nuevos estímulos, no ya de poseer el bienestar material a base de su familia. Ahora decide reemprender su batalla en París. Pe– ro ya no lo hará sola. Ahora bu~cará ia compañía de los deshe– redados, de los humillados, de la clase a la cual debe pertenecer ella: el pueblo. Tiene que recuperar a. sus hijos, para orientarlos para darles nuevos sentimientos de solidaridad humana. Debe seguir enfrentando_ las leyes injustas que le han ne– gado to~o derecho a la vida y a la libertad. No puede rendirse al desaliento porque existen miles de seres humanos ofendidos, ultrajados, a Uos que ella debe contribuir a devolverles la fe en ellos mismos, enseñarles a luchar y liberarse de sus cadenas de miseria. 48
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx