Flora Tristán, precursora
y desengaños de su vida en París. Flora quería hacerse amar por los que consideraba sus pa :; '1tes más cercanos, el hermano 1 lo~ primos y sobrinos de su pa-ar ..:, ser algo en el ambi'ente del país que ·ena -consideraba suyo y en el cual puso tantas expectativas, incluyendo la confesión plena de su estado legal como mujer e.a-· sada, la existencia de sus hijos y de su madre a los que pretendía traer al seno de la familia del Perú, fundando así un nuevo ho– gar. Los sueños de Flora llegaron a proyectarse hasta una posi– ble actuación política y social en el país, volcando las enseñan· zas que ella había asimilado _en Europa, para intentar el mejora miento de los peruanos, a los que consideraba dotados de inteli– gencia natural, dignos de mejor suerte, sino fuera por el sisttemél imperante de esclavitud en que se hallaban sumidos y por la ig– norancia de los hombres y de las mujeres, cuyas vidas estaban estatizadas en el ocio y los halagos de la fortuna, cuando no en una precaria situación de menor valía, como era el caso de su prj -– ma Carmen, dependiente de la caridad del tío Pío, o como en e 1 caso de los negros esclavos, sujetos a una existencia vil en la(: gr.andes hacien-das del país. La estadía de Flora en la patria de su padre, Arequipa, fue una sucesión de experiencias aleccionadoras sobre la naturaleza humana, la avaricia y el egoísmo de los que poseyendo riquezas. son . incapaces de aliviar el sufrimiento de sus semejantes, ni si– quiera escuchando la voz de la sangre y hacer justicia a quienes tienen derecho a ello. En el Perú como en Europa, leyes despó– ticas encadenaban los anhelos de libertad de los más débiles. En este país, las mujeres que no querían sujetarse a la coyunda ma · trimonial, debían enclaustrarse de por vida en los sombríos con· ventas. 1'ambién ella estaba aún atada a su odioso marido, pero tenía la esperanza de que pronto llegaría el día de su lil!>era~ión total. Largos ·fueron los siete meses que pasó Flora en Arequipa, con el pen~amiento puesto en sus hijos de los cuales no podía re· cibir noticias. Durante estos meses, Flora debió soportar la ex– traña conducta del tío Pío al que sólo conoció meses después. dP que llegara de su hacienda, pese a estar avisado de su presencia. . Par_ecía o estar muy ocupado en sus asuntos económicos o no te– ner mayor interés -de recibir a su sobrina. Sin embargo, cuando aJ fin pudo estrecharlo en su pecho, un hondo sentimiento de felici– dad la estremeció porque estaba en los brazos del hermano de su padre. Mucho había esperado este momento. Pero muy grande 45
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