Flora Tristán, precursora
ejecutado por extranjeros y muchos son franceses. Flora siente un rechazo tremendo y lo anota en sus memorias, sin dejar de manifestarlo a sus paisanos, ocasionales anfitriones en los puer– tos ~n que el barco recala. Los países de sur América ya habían proclamado su libertad, pero ésta no les alcanzaba, todavía, a los esclavos manteniendo su vigencia hasta varios años des– pués (2). Su arribo a las costas peruana,s está cuajado de incidencias, pintorescas unas, pero la mayoría demostrativas del estado de abandono en que se encontraban los lugares de desembarco, la incomodidad, la falta de higiene y la índole de los pobladores ' ' donde no eran los menos los ciudadanos extranjeros que habían llegado al Perú con el incentivo de hacer fortuna o por motivos personales o políticos, entre otros, ser individuos fuera de la ley. Algunos, porque la suerte los había hecho anclar en las lejanas playas sudamericanas y allí se habían acomodado, pero sin olvidar jamás el terruño ni dejar de sentir la nostalgia de la patria . Al parecer, todos se encontraban por la fuerza, por los azares de la vida, pero todos aspiraban a mejorar su fortuna personal y poder regresar de inmediato a su país para disfrutarla. Hombres o mu– j~res, los extranjeros que se acercaron a Flora durante su esta– día en el Perú, lo hicieron en tono de queja, de desprecio o me– nosprecio por el habitante criollo, mestizo o indígena, aunque muchos de ellos, vencidos por las circunstancias, . hubieran forma– do familia, entroncándose con los mismos peruanos, como el caso del alemán Althaus, militar de profesión y vocación que solía servir en cualquier país sólo por el placer o la necesidad de ejer– citarse en las artes de la guerra. Venido al Perú en busca de oportunidades para continuar batallando -había servido en los ejércitos de Alemania y Francia- se casó con una pariente de los T'ristán y fue así como se consideró priino de Flora. Althaus tomó parte en las revueltas de los generales peruanos que de$– pués de la independencia, fomentaron revoluciones para hacersP– del poder político. El desconocimiento de la técnica de la guerra. en las que era ducho el alemán, producía n1ás de una derrota P.n los continuos movimientos sediciosos, dando a veces la victoria a quien menos la esperaba y viceversa. De todos estos pormeno• res que conoció Flora, durante su estadía en Arequipa hizo :ri– sueños comentarios con el primo Althau.s que le traía las noticias. Flora sigue anotando en las páginas de su diario, los detalles nP. su vida en el Perµ, tanto por su espíritu de observación cuanto ¡por: el natural resentimiento contra su familia peruana, a la que no logró conquistar como tal ni ser aceptada por ella, para sus– traerse a la ya larga e intolerable sucesión de desdichas, miserias 44 '
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