Flora Tristán, precursora
En las provincias se carece de las facilidades · que puede brindar la capital y aunque en los departamentos principales por su población y su capacidad e·conómica, existen universi– dades, éstas no son tan completas como ea la capital, de don-: de deviene el ~xodo de la mayoría de los estuqiantes. Por lo general, las ·muchachas provincianas -alcanzan estudios medios y por razones de economía, no logran acceder a estudios supe– riores. Desde allí las obligaciones familiares y los años cum– plidos, lanzan a la mujer al matrimonio, cortando de plano cualesquier entusiasmo por el estudio, la superación inteiectual o profesional. I.:as que lo logran por su mej9r situación econó– mica, son las menos. Queda así, pues, la mujer en una situación de men9T va– lía en lo que hace a formarse un porvenir libre de ✓tutelás eco– nómicas y de a.mpliación de horizontes. LA MUJER INDIGENA Pero la población peruana ·está conformada de un alto por– centaje de las razas consideradas inferiores, provenientes de la sierra y de la selva. Arrimadas a su m~eria y a la _indiferen– cia de los poderes públicos, la mujer indí~na soporta su aban– dono con filosófica resignación, tal vez sin ' perder la esperan– za de un próximo amanecer. Campesina, trabajadora social, pa– ridora de hijos, hacendosa, sin horas de descanso cabal, sigue sometida a una situación aberrante, rayana. con la época del pon– gaje o la esclavitud, puesto que aún se ' dan casos en ·que se importa muchachas de la sierra o la selva para que "bajen'' a la capital a servir en los hogares limeños o a las capitales de provincias, sujetas a trato inhumano sin que les alcance nin– guna ley que ·ellas conozcan. Buena parte de este grupo social conforma ahora los llama– dos "pueblos jóvenes'', emigrados de sus heredades por )05 fe– nómenos geológicos, que les empujan a las ciudades en busca de mejores oportunidades para seguir sobreviviendo. Las mujeres vienen con sus maridos, sus hijos y hasta sus animalitos ·a inva– dir algún terreno aledaño desocupado y rehacer sus precarias vidas, en la seguridad de mejorar. A todos los unen las mismas expectativas y la inclemencia de su de~tino, al parecer, abando- . nados de la mano de las autoridades. Así sobreviven y la labor de la mujer es tanto o más abnegada que la del hombre en su lucha desesperada por salir adelante. · .18
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx