Flora Tristán, precursora
recónditos dolores, sus miserias de siglos, su hambre, su miedo. Ella habla por todos los que no saben expresarse. Ella les está descubriendo un mundo nuevo que puede ser posible a hase de la unión. F·lora se entera que su proyecto de la UNION OBRERA co– mienza a ser compartido por muchos, sólo que aún no se identi– fican con todos sus postulados porque le hallan mucho de los utopistas quienes fincan sus aspiraciones en una felicidad ,com– partida por todos, a base del cooperativismo. Falta la superestruc– tura del edificio, la doctrina. Sin duda la doctrina. Nada de eso le interesa a Flora. Su concepción social es la UNION OBR.ERA como clase en antagonismo con la clase burguesa. Los obreros en todas partes son la mayoría, suman millones -20 millones en Francia, ·25 en Londres- muchos más que la clase burguesa y los capitalistas. Los obreros son entonces la verdadera fuerza, sin ellos nada puede surgir, nada puede ser construído. Las fá- · bricas, las-minas, los telares, los ferrocarriles. Pero mientras los capitalistas ganan enormes fortunas -los trabajadores reciben sa– larios miserables y viven desnutridos, en la mayor miseria.. ¿A– caso no es la unión el gran aglutinante de esas fuerzas. en po– tencia? Ella sabe que tiene razón. Pero los demás saben· tam– bién que no es tan simple prQclamar -la unión de todos los tra– bajadores del mundo. Hay mucho camino que recorrer. Flora si– gue pensando que eso esta bien, pero es pura teoría. Hay que unir el pensamiento a la acción, la acción a la palabra. Y la primera palabra debe ser la unión, porque la unión ha– ce la fuerza y esa es la meta. Flora cree que ahí está la razón del triunfo futuro de la clase trabajadora. No quiere ver, no quiere convencerse que e~isten las otras fuerzas discrepantes, los ejércitos.. Sí, ella los conoce demasiado, pero éstos últimos pertenecen también a la clase explotada. Existe el Estado todopoderoso, los servidores de esas fuerzas, que se convierten en enemigos. Sí, pero a esos hay que convencerlos, hacerles comprender. Hay que hacerlo. Nadie lograría convencerla a ella de que la prédica constante, la palabra veraz puede hacer que los enormes ejércitos desar– mados de la clase trabajadora pueden convertirse en una fuer– za indestructible capaz de conquistar su propia felicidad. La Mujer Mesías ha cumplido ya 41 años. El tiempo ha co– rrido velozmente, sus sueños no se han realizado; pero sí, ya vislumbra sonrisas de comprensión y simpatía entre los obreros · Y las -obreras que visita. También la fama de su gira proselitis...; 101
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