Ese gol existe 2da edición

casos debo ponerme en la dirección opuesta, dar la contra, alertar sobre los errores que se cometen. Nos enfrascábamos en discusiones encendidas, sobre todo, con la Pepa; el Flaco Barnechea tenía que hacer malabares para controlarnos. Por allí nos lanzábamos dardos, ironías, levantábamos la voz, jugábamos bromas, nos exasperábamos... los televidentes no podían dejar de ver el programa. Aunque algunas veces se nos pasara la mano, siempre polemizamos con respeto, defendiendo argumentos, sin atacar a las personas, solo refiriéndonos al plano deportivo. La Pepa Baldessari es un gran tipo, nos llevábamos muy bien, aunque hubiera gente que creyera —por lo que veía en la pantalla— que éramos enemigos irreconciliables. En absoluto. Al cierre del programa nos íbamos al Café Haití de Miraflores y ahí seguíamos discutiendo. Ya no teníamos televidentes, pero yo notaba que de las mesas de los costados hacían esfuerzos por escuchar lo que decíamos, los mozos se quedaban parados cerca de nosotros. Uy, nos quedábamos de amanecida hasta que nos botaban porque cerraban el local, y nos despedíamos con un abrazo. —Fierita, a vos nunca te voy a hacer cambiar —se reía la Pepa. 6. DEPORTEGRAMA, LA VOZ DE LOS HINCHAS He dejado para el final a Deportegrama, que es como mi hijo radial. Como ya he contado, durante años integré el equipo de Ovación en la radio y desde el inicio me sentí muy cómodo frente a los micrófonos. La radio te da agilidad, inmediatez, frescura, y yo me moví en ese medio como pez en el agua. Rápidamente me di cuenta de lo cierto que es ese eslogan que dice «la radio está más cerca de la gente», y como a mí me gusta estar en contacto con el público, he disfrutado como pocos con este trabajo. Ovación, además, era el gran programa radial de la época, estábamos en todas partes, hablábamos con los protagonistas de las noticias, hacíamos enlaces increíbles, pero yo sentía que faltaba algo. Pocho Rospigliosi descubrió la gran utilidad del teléfono en la radio para hacer entrevistas, puentes entre jugadores, coberturas internacionales. Sin embargo, nunca se animó a abrir los micrófonos al público. ¿Acaso los periodistas somos los únicos que tenemos cosas que decir? Esa inquietud me rondó por la cabeza durante años. Una relación de trabajo y de amistad tan larga como la que he sostenido con Pocho Rospigliosi tiene sus altas y sus bajas. A veces podemos haber 408

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