sección deportiva de un diario sensacionalista tuviera cabida un abogado tan respetable como él, pero como ya dije, Última Hora hacía un sensacionalismo blanco, se practicaba un periodismo de buen nivel. El joven César Hildebrandt, por ejemplo, se formó en ese medio; cuando yo entré al diario, él se encargaba de editar las páginas con los diagramadores. —La redacción de Última Hora era como un recreo— evoca con nostalgia Alberto Best—. Se trataba de hacer una publicación amena, picante, divertida, y eso se reflejaba en nuestras horas de trabajo. En deportes podíamos ser sarcásticos, críticos, en algunos casos seguramente se nos pasó la mano, pero creo que en general no despertábamos antipatías. Teníamos el respaldo del doctor Conrado Falco y eso nos daba tranquilidad; además, siempre salíamos de comisión con nuestra corbatita, saludábamos, a todos tratábamos con respeto. Cuando nos veían llegar a los entrenamientos los jugadores decían, «ahí están los de Última Hora», pero no como una amenaza ni con molestia; por lo general, nos comentaban riéndose algún titular ocurrente. Mis mejores años en el periodismo los pasé en Última Hora; su cierre, en 1984, fue uno de los mayores golpes que he recibido en mi vida. Adaptarme a Última Hora no me costó mucho; tenía que cambiar un poco mi forma de redactar, pero con los años de experiencia que llevaba en el oficio eso no representó mayor problema. A decir verdad, la carga de trabajo era mucho menor que en La Tercera, pues teníamos menos páginas, y para alguien como yo que estaba acostumbrado a la presión obsesiva de Pocho, la mano no venía dura. Inicialmente entré para dedicarme sobre todo al básquet, pero como este deporte estaba en decadencia, empecé a cubrir las informaciones de Alianza Lima, donde tenía muchos contactos. Sé que al comienzo algunos me miraban de reojo porque venía de La Tercera, que era el diario de la competencia, y porque estaba muy identificado con Pocho Rospigliosi, que representaba una línea periodística diferente a la de Conrado Falco. Pero yo trabajé tranquilo y pude integrarme al equipo; además, a muchos periodistas ya los conocía desde hacía tiempo. Lo que más recuerdo de esos primeros años en Última Hora eran las disposiciones absurdas que desde el gobierno —a través de la Oficina Central de Informaciones— se dictaban y que debíamos acatar calladitos. Por ejemplo, para un partido que jugó la selección peruana en Colombia se llevó como invitados de honor a Valeriano López y Guillermo Barbadillo. Esas dos viejas glorias iban como parte de la delegación para promocionar las bondades del Ron Cartavio, producido en las haciendas azucareras del norte del país que habían sido expropiadas por 403
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