abandonar mi país; lejos de las salas de redacción o del Perú no hubiera sido el mismo, hubiera sufrido una carencia interior muy grande, hubiera sentido un gran desarraigo. Felizmente, en mayo de 1976 —casi dos años después de haber salido de La Tercera—, pude ingresar como redactor a la sección deportes del diario Última Hora, que era el vespertino de La Prensa. El contacto me lo hizo Augusto Rázuri, quien estaba en ese diario y antes había trabajado en La Crónica; me conocía desde hacía años. Así pude incorporarme al equipo que dirigía Conrado Falco Squadrito, donde figuraban periodistas reconocidos como Alberto Best, Raúl Dreifuss, Miguel Humberto Aguirre y Roberto Salinas. Última Hora era el tabloide vespertino del grupo editorial dirigido por Pedro Beltrán, que tenía como diario principal a La Prensa. Su redacción estaba en la calle Baquíjano del jirón de la Unión, en el segundo piso del local de La Prensa, frente al Club Perú. Última Hora fue fundada en 1950 y desde su aparición causó polémica por ser el primer diario en incorporar la jerga criolla en sus páginas. Tuvo siempre detractores que criticaban que en un diario se deformara así nuestro idioma, apelando también a titulares humorísticos, picarescos, de doble sentido. Puede considerársele el antecedente histórico de los llamados «diarios chicha» que abarrotaron los kioscos desde los años noventa, claro, con grandes diferencias: Última Hora era sensacionalista para su época, inflaba algunas noticias y gustaba de destapar escándalos, pero comparado con los diarios actuales inundados de sangre y sexo, parecería un cuento de hadas para niños. Sus grandes creadores fueron el Gordo Raúl Villarán y Efraín Ruiz Caro, quienes luego le dejaron la posta a otros periodistas destacados como Miguel Yi Carrillo, Guido Monteverde y el propio Conrado Falco, que dirigía la sección deportes y tenía una columna de opinión llamada «En órbita». Conrado Falco provino de las canteras de La Prensa y empezó en Última Hora en 1960. Era periodista, pero también abogado; tenía su estudio en la Plaza San Martín y desde allí cruzaba por el jirón de la Unión rumbo al periódico, encontrándose en esas pocas cuadras con muchísimos amigos que le detenían para conversar. Era muy respetado tanto en el mundo del periodismo como en el del Derecho, lo que contribuyó a darle peso a la sección deportiva de Última Hora. En los años que trabajé con él, comprobé que dentro del sensacionalismo que practicaba el diario, Conrado se preocupaba más por darle humor a la sección que por levantar escándalos; era muy ingenioso para los titulares, punzante para la crítica, pero también agudo para el análisis. Podría parecer extraño que en la 402
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