por un capricho de Velasco o de Thorndike, que era un tipo autoritario al que yo conocía de mis tiempos en Correo. Creo que más bien lo que se buscaba era darle otra línea a la sección deportiva, diferente a la escuela de Pocho que era, como digo, muy complaciente, muy dedicada a las promociones. Yo comparto solo algunas de las ideas de Alberto Best. No discuto las calidades humanas y profesionales de Conrado Falco, una figura del periodismo deportivo peruano quizá poco reconocida por la gente. Es cierto que él representa otra línea periodística diferente a la de Pocho, quizá más de perfil bajo, más seria, más de análisis y estadísticas. Por ese mismo camino van otros grandes periodistas deportivos como Eduardo San Román, que trabajaba en El Comercio y Radio América, o el Flaco Rodolfo Espinar, que desde las páginas de Expreso impulsó la creación de la Copa Perú y falleció tempranamente en 1968. Creo que la gran diferencia consiste en que Falco, Espinar o San Román eran respetados por el público, mientras Pocho era querido. Quizá sea por una cuestión de personalidad, de carácter, de la imagen que daban a través de los medios y de cómo los percibía la gente. Porque Falco, Espinar o San Román —a los tres los he conocido de cerca—, eran también muy amigables, muy humanos, muy queridos por quienes estaban a su alrededor, pero Pocho encandilaba multitudes, se conectaba muy bien con la gente, a todos les parecía un gordo simpático. Hay miles de personas que nunca conocieron directamente a Pocho, pero que lo recuerdan y lo quieren como un amigo que les mostraba souvenirs en televisión, que les contaba anécdotas en sus columnas, que siempre se dirigía al público con sencillez, con cariño, con calidez. Es cierto también que Pocho siempre estaba pendiente del gusto popular, en prensa escrita, radial o de televisión. Si la gente quería entrevistas a personajes de décadas pasadas, Pocho se las daba; si la gente quería más fútbol internacional, Pocho se conseguía imágenes del extranjero; si la gente quería música, Pocho traía nuevos discos. Pero en La Tercera también había espacio para las críticas, no considero que fuéramos complacientes. Eso sí, siempre rescatando lo positivo, sin ser lapidarios ni fatalistas, tratando de construir, de aportar al desarrollo del deporte nacional, forjando ídolos para las nuevas generaciones. ¿Que en La Tercera se promocionaban diferentes espectáculos deportivos? Claro, si de lo que se trataba era de crear una afición. En la semana previa a un clásico o un partido internacional, Pocho calentaba el ambiente promoviendo duelos personales, destacando figuras, generando expectativa, dando datos 398
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