Ese gol existe 2da edición

Thorndike, al día siguiente, fue prohibirnos el ingreso a la redacción, que ya se había mudado del edificio de la avenida Tacna a otro local en la avenida Andahuaylas, a media cuadra de Grau. Sin mediar explicaciones, había en la puerta del diario una lista con los nombres de todos los periodistas de deportes, notificados así de nuestro despido. No pudimos ni entrar a recoger nuestras cosas personales; en los días siguientes Thorndike colocó en deportes a gente desconocida, sin mayor peso, y el diario se hizo ultravelasquista, de una demagogia absoluta, las noticias se publicaban en castellano y quechua. Nosotros nunca nos habíamos metido en política, Pocho siempre procuró tratar temas exclusivamente deportivos en La Tercera y Ovación. ¿Cuál puede haber sido la explicación para nuestra salida intempestiva de La Tercera después de más de veinte años de trabajo? Quizá Velasco le había cogido cólera a nuestro fútbol después de que Chile nos eliminara del Mundial de Alemania en 1973, porque su discurso era también muy antichileno. Si hasta propuso desaparecer el fútbol profesional y convertir a todos los deportistas al amateurismo. Y llevado por esa cólera, quizá quiso hundir a todos aquellos personajes ligados al fútbol, entre los cuales figuraba Pocho Rospigliosi en primera línea. Quizá si fue eso, no lo sé, son puras especulaciones. Alberto Best, amigo y colega, periodista deportivo de larga trayectoria, intenta otra explicación: —Yo reconozco en Pocho a un periodista de mucho oficio que sentó una época en la prensa deportiva peruana—, se sincera Alberto Best. —Y eso que tuve muchos problemas con Pocho, sé que él varias veces se quejó con Conrado Falco, que era mi jefe en Última Hora. Los problemas que teníamos no eran personales, sino de perspectiva profesional. Creo que Pocho ha encarnado una línea de periodismo popular, muy complaciente, muy de dar «lo que le gusta a la gente». En La Tercera se hacía un periodismo de amistades, de promoción, de levantar figuras. Claro que te llenaba estadios —y por eso los dirigentes lo querían tanto a Pocho—, pero yo entiendo que el periodismo debe ser más crítico, más picante, no debe quedarse solamente en pintar un mundo idealizado. Y nosotros éramos críticos y agudos en Última Hora. Por ejemplo, en su programa de radio Pocho se podía pasar los minutos elogiando un clásico, diciendo que había sido un partidazo, que Cubillas había estado genial, pero nosotros en Última Hora publicábamos que el clásico había sido flojo, mediocre, que los jugadores habían estado debajo de su nivel. Eso irritaba a Pocho y se quejaba con Conrado Falco, creía que hundíamos el espectáculo, cuando lo que hacíamos era decir la verdad. Y Conrado Falco, que era un señor de señores, lo sabía, y por eso siempre nos apoyó. Cuando sacan a todo el equipo de La Tercera en 1974 no creo que fuera 397

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx