menos de veinte años de edad (había nacido en 1930). Entonces era muy delgado. Pocho habrá empezado a subir de peso poco antes de cumplir los treinta años; y es que era imparable para el trabajo, pero también para comer. Le gustaban las pastas, las carnes, el pollo a la brasa, y se tomaba como tres litros de Coca-Cola diarios. Cuántas veces le recomendamos cambiar sus hábitos alimenticios —sobre todo después de que se le diagnosticó diabetes—, pero él no podía abandonar sus fabulosos desayunos en el Hotel Maury o el Tambo de la avenida Arequipa, ni sus comidas en Pollos Hilton, un local que quedaba en Lince y que era su favorito. Subió tanto de peso que algunos lo llamaban Pocho y otros — simplemente, pero con cariño— el Gordo. De Pocho recuerdo especialmente su afán por dar noticias, por innovar y por respetar a los deportistas. En el diario, después en la radio y en la televisión, lo primero que nos exigía Pocho era dar noticias. Decía siempre que un diario o un programa radial tenían que ser fundamentalmente noticiosos; algo se podía comentar, pero a partir de las noticias, no le gustaba llenar el espacio con puras opiniones. Siempre nos pedía también que tuviéramos iniciativas que pudieran resultar atractivas para el público, que nos saliéramos de los común. Una mañana, recuerdo, la movilidad del diario nos iba repartiendo a los redactores por diferentes lugares cuando Lolo Salazar vio un partido de fulbito entre niños en una calle del Rímac. Lo especial era que entre los jugadores había un niño con una sola pierna que se apoyaba en su muleta y jugaba como uno más con el resto de muchachos. Lolo le pidió al chofer que parara y le dijo a la Momia Flores que le hiciera fotos al cojito; después lo entrevistó. Los demás esperábamos en la movilidad, un poco impacientes porque se nos hacía tarde para llegar a nuestras comisiones. Bueno, cuando Lolo regresó a la redacción le contó a Pocho la historia del cojito y le mostró las fotos que había tomado Flores. «Lolo, olvídate de tu comisión y prepárate esta entrevista. Tres carillas, va en las páginas centrales», se entusiasmó Pocho felicitando a Lolo por la iniciativa tomada. Y a las pocas horas, desplazando a las grandes estrellas del fútbol local, el cojito del Rímac fue el personaje central de esa edición de La Tercera. He dicho también que Pocho nos inculcó el respeto por los deportistas. En esa época no había enfrentamientos entre los periodistas y la gente del deporte, por el contrario, existía un respeto mutuo, en muchos casos incluso relaciones de amistad. Yo mismo me he considerado amigo de muchos jugadores, como Félix y Roberto Castillo, Guillermo Delgado, 389
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