Ese gol existe 2da edición

Huaqui Gómez Sánchez, Valeriano López, el Conejo Benítez, Lucho Cruzado, Roberto Challe, y años después, Jaime Duarte. Las páginas de los diarios o los micrófonos de la radio no se usaban para insultar a nadie; se podían hacer críticas severas, sí —y yo las hacía—, pero siempre por el lado profesional, deportivo, sin meterse con la vida privada de los jugadores, su familia o su sueldo. En nuestros tiempos no se perseguía a los jugadores para sorprenderlos en situaciones incómodas. ¡Cuántas veces yo, saliendo en la noche de la redacción de La Tercera, encontré a Valeriano y Barbadillo cayéndose de borrachos en las cantinas de La Colmena! Sin embargo, jamás publiqué una línea al respecto. Porque entendíamos todos que a los deportistas se les juzga por lo que hacen en la cancha, no nos interesa con quiénes se acuestan ni a qué hora se acuestan. Lógico, si llevan una vida desordenada, no podrán rendir en buen nivel, entonces se los criticará. Esta forma de hacer periodismo era una manera, también, de proteger a los deportistas —nuestra materia prima— y no exponerlos a escándalos públicos. No había nacido aún ese afán destructivo y revanchista que puede encontrarse en la prensa deportiva actual, donde debido a la feroz competencia por ganar lectores o televidentes, se inflan escándalos, se inventan problemas, se generan polémicas que nos alejan de los temas deportivos. Más de veinte años trabajamos en La Tercera. En ese diario escribí mis primeros artículos, empecé a recorrer el mundo, hice grandes amigos, conocí a innumerables personajes del deporte. Siempre que partía una delegación deportiva peruana al extranjero, un periodista de La Tercera la acompañaba; los deportistas iban con sus buzos y maletines, nosotros con nuestras máquinas de escribir. En los años sesenta comenzó a aparecer regularmente en sus páginas una columna firmada por mí, llamada «Abriendo juego». Ya Pocho consideraba que tenía la experiencia necesaria en el oficio como para opinar, por lo que me dio la posibilidad de expresarme a través de «Abriendo juego». El nombre de la columna lo elegí pensando en la importancia de opinar poniendo todas las cartas sobre la mesa, sin hipocresías ni medias tintas. También porque abrir juego, en el fútbol, significa aprovechar las puntas como un espacio decisivo en el frente de ataque, máxima que siempre proclamé y que aprendí de dos grandes entrenadores brasileños que en los años sesenta trabajaron en nuestro medio: Jaime de Almeyda y Waldir Pereira, Didí. La columna «Abriendo juego» se ha paseado a lo largo de las décadas por diferentes diarios, batallando desde el título por el derecho de expresar una opinión 390

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