el entrenamiento de Alianza, la movilidad se iba con un periodista al aeropuerto de Córpac, para ver si encontraba a alguna figura deportiva de paso por nuestro país y, sobre todo, para recoger los periódicos extranjeros que traían los aviones que pasaban por Limatambo. Nos interesaban especialmente los diarios de Colombia (por la cantidad de futbolistas peruanos que habían emigrado a ese país en la época de El Dorado) y de Argentina (porque desde entonces se admiraba en nuestro país a equipos como River Plate y Boca Juniors, y también había futbolistas peruanos en esa liga). Pocho siempre le dio mucha importancia a la cobertura de los deportistas peruanos en el extranjero. Acabado el entrenamiento de Alianza, la movilidad pasaba por mí a eso de las once y nos íbamos volando a la redacción para escribir las noticias de esa misma mañana y cerrar rápido la edición. Igual hacían los demás periodistas de La Tercera, corriendo para dar noticias frescas de Universitario, Sport Boys, Atlético Chalaco, Deportivo Municipal y otros equipos. Felizmente para nosotros, como desde 1951 el fútbol se hizo profesional en nuestro medio, comenzó a hacerse habitual que los equipos entrenaran temprano por las mañanas. En décadas anteriores los entrenamientos se hacían a la hora que se podía, muchas veces hasta después de la jornada de trabajo, cuando los jugadores tenían tiempo para juntarse un rato a practicar. Comparadas con las mañanas, las tardes en La Tercera eran más tranquilas. Después de almuerzo teníamos tiempo para hacer entrevistas, planificar reportajes especiales, adelantar algún material para la edición del día siguiente. Lolo Salazar, por ejemplo, acostumbraba irse a la hora del lonche a un café que quedaba en la avenida La Colmena, al costado del Hotel Bolívar, donde se reunía mucha gente del fútbol. Allí se juntaban entrenadores como Pancho Villegas y César Viccino, jugadores como Antonio Sacco y Adolfo Riquelme, también muchos dirigentes. Entonces Lolo iba de mesa en mesa, conversando; sacaba buenos datos para la Coctelera y material para otros reportajes. En las tardes llegaban también los colaboradores para escribir sus columnas: el reconocido abogado Jorge Avendaño tenía su columna, la firmaba como el «Doctor Coco»; Boris Sojit hacía su columna sobre boxeo; a veces iba Pichirro Drago, que dejaba alguna nota sobre básquet; y también Max Aguirre, empresario que organizaba combates de catchascán, y que tenía su espacio en las páginas de La Tercera para promocionar las veladas que organizaba en el Trianón de La Victoria y otro coliseo que quedaba por la avenida Colonial. 387
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