distribuía en provincias aproximadamente desde las diez de la mañana; y La Tercera, que era el vespertino y ya se encontraba en los kioscos entre las dos y las tres de la tarde. Cada diario tenía su propio staff de periodistas —aunque muchas de las notas publicadas en La Segunda eran redactadas por gente de La Crónica y La Tercera— y el director general de las tres publicaciones era Pedro Morales Blondet. Había muy buenos periodistas en la empresa, como el propio Mario Vargas Llosa en sus inicios, Augusto Rázuri, Pocho Delboy, Óscar Paz (jefe de deportes de La Crónica), Enrique González, Carlos Palacios, César Mindreau, Carlos Ney, Juan Weiss, Alfredo Narváez y, por supuesto, Pocho Rospigliosi. La Tercera era un diario popular, un tabloide vespertino de veinticuatro páginas, con secciones de deportes, policiales, espectáculos, locales, internacionales y política. El peso central estaba en la información deportiva —a la que se le dedicaban doce páginas— por lo que puede considerársele como el primer diario deportivo del Perú. Era muy ágil, ameno, con muchos datos, primicias; tenía un gran despliegue fotográfico gracias al trabajo de Luis Flores, conocido como «la Momia», Tolentino Alegre y Molero. Como el diario costaba solo cincuenta centavos, no había quien no lo comprara a la hora de salir de la oficina para almorzar; en los restaurantes te encontrabas las mesas llenas de personas leyendo su Tercera mientras esperaban a que les trajeran sus platos. La sección más leída era la Coctelera, que consistía en una o dos páginas de datos cortitos separados por puntos suspensivos, donde se daba información picadita de todos los deportes. Los sábados que había partidos de fútbol retrasábamos la edición para publicar los resultados el mismo día, porque los domingos no salía La Tercera y no podíamos tener a los lectores esperando hasta la tarde del lunes por una información del sábado. Nuestro ritmo de trabajo era muy intenso. Como se dice en periodismo, con hora de entrada, pero no de salida. Teníamos que cerrar la edición poco después del mediodía, así que hacíamos las comisiones desde las ocho de la mañana. Por ejemplo, como yo era el encargado de cubrir las informaciones de básquet y de Alianza Lima, llegaba a las ocho de la mañana a la oficina y escribía mi artículo sobre la jornada de básquet de la noche anterior (entonces se jugaba lunes, miércoles y viernes, primero en el Lolo Fernández y después en el Coliseo del Puente del Ejército). A las nueve de la mañana me iba en la movilidad del diario a las prácticas de Alianza, que acostumbraba entrenar en un campo de Higuereta hasta que se habilitó la cancha de Matute en los años sesenta. Después de dejarme en 386
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