Ese gol existe 2da edición

Zapatón, que en ese tiempo era el director, les pregunto qué pasaba. Contaron pues que los rojos los habían hecho correr del Parque Universitario, así que a mí me dio miedo, y le dije, «¿compañero me puedo retirar?». «No se vaya Varleiva todavía, espérese un rato», me dijo. A mí no me gustó pero luego comprendí que Villanueva me aguantó porque si salía y había por ahí algún grupo escondido con cachiporra, me jodían ahí nomás, a la salida del periódico. Ese día el Zapatón Villanueva cuidó mi integridad física. Creo que ha sido el año 64, en ese tiempo los búfalos y los rojos andaban con cachiporras; yo veía pues unos aparatos contundentes que te partían la cabeza o cualquier cosa. Víctor Raúl llegaba a las dos de la mañana, pero nunca bajaba a los talleres, en realidad era un poquito despótico. Los antiguos me contaban que Manuel Seoane era distinto, me decían que El Cachorro bajaba a los talleres, se preocupaba por los compañeros, por sus familias, que no pasen hambre sus hijos. Haya era diferente, cuando llegaba ya le tenían una oficina reservada, y ahí se metía a escribir y mandaba los originales a los talleres con su secretario Idiáquez. Haya firmaba sus artículos como Juan Pueblo o con su mismo nombre. Fíjate que para sacarme del periódico después de siete años dijeron que yo era comunista y que tenía un hermano que escribía en Unidad; ellos fueron donde el viejo y le decían esas cosas. Uno de los que decía esto era el Gordo Tirado, pero después se hizo mi amigo, yo olvidé rencores porque incluso saliendo del periódico seguía, ayudaba a Alatrista, le hacía los comentarios del fútbol. Yo no era comunista, era una acusación completamente falsa, era un serrucho para sacarme. Si el Zapatón Villanueva hubiera estado, yo no salgo de La Tribuna. Él se había ido de viaje, y cuando regresó, yo ya había renunciado. Me querían mandar otra vez a deportes, querían que ya no siguiera en mi puesto, pero yo no acepté pues. Yo les demostré que no era cierto, que no era comunista. Incluso cuando me encontraba en la calle con Nicanor Mújica, él me decía, «Varleiva danos una mano, haga reminiscencias, escriba cualquier cosa», así me decía. También Valencia me quiso llevar a trabajar con él al Congreso, pero yo estaba resentido y no quise nada. Valencia me admiraba mucho, me había leído desde cuando comenzó a los 17 años cargando los fardos de La Tribuna cuando salía a la venta, en los talleres siempre me decía: «usted es el maestro». 6. BOHEMIA 380

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