Ese gol existe 2da edición

A mí me puso la chapa de «faite» un muchacho Hugo Villasis que le decían «saca pica», que trabajaba en prensa del Senado. Le decían «saca pica» porque él fastidiaba a todo el mundo, pero cuando chocaban con él se picaba, así es que le pusieron «saca pica». Me puso esa chapa porque yo tenía mi jale, pero también porque venía de un barrio maloso y me hacía respetar. He conocido a los grandes rufianes de esa época. Habían tres cabarets: La Perricholi, el Real Felipe y el Tropezón que quedaba en la primera cuadra de 20 de Septiembre —después le pusieron Huatica, y ahora es Renovación—. Ahí se reunían los rufianes después que terminaban de trabajar, las mujeres que ellos explotaban, iban al cabaret a bailar y divertirse. Yo iba porque era conocido por el periodismo, pues. Sabían que yo escribía y a veces querían que les hiciera elogios, una mención en alguna nota, cualquier cosa. 20 de Septiembre estaba acá nomás, en la avenida Grau, era fácil — Lima cuadrada moría en la cuadra 15 de Manco Cápac—, tenía cinco cuadras, las 3 primeras eran de peruanas, la cuarta a media agua, y la quinta era de las francesas, así las llamaban porque eran gringas, había de todas las nacionalidades pero la gente las llamaba «las francesas». Las minas en esa época costaban cinco soles —las peruanas—, y las extranjeras cobraban el doble, una libra, ¡pero qué cama oiga usted!, ¡un lujo carajo!, eran limpias pues, mujeres limpias. Yo nunca agarraba cualquier cosa, siempre mujeres buenas mozas, bien simpáticas y blancas de preferencia. Siempre me ha gustado la mujer blanca por el contraste, porque como yo era más trigueño, y ellas también buscaban el contraste, es como la blanca que busca el moreno, o la morena que busca el blanco, como el italiano pues, un italiano se enloquece por una negra, al italiano le gustan mucho las negras, zambas, es el contraste. Yo muchas veces me iba a pie, incluso cuando cerraban a las dos de la mañana, me venía por la avenida Grau caminando, nunca me pasó nada pero el hampa no estaba tan avanzada como ahora. Eran los años cuarenta y tantos, Golazo hacía furor. Tenía una argentina muy buena, y me quedaba a dormir con ella, eran mujeres cultas, no eran cualquier cosa. No sé si por el trato que yo tenía o por la forma como hablaba —porque tú sabes, la mayor parte de los que van a esos sitios usan palabras vulgares—, a veces las minas me preguntaban en qué trabajaba; yo les decía, «soy periodista, tengo estas revistas», así que así hacíamos simpatía. También había casas de cita que eran diferentes a los cabarets. En las casas de citas iban mujeres solapa, mujeres de hogar que por alguna 381

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