Ese gol existe 2da edición

5. LA TRIBUNA Y EL APRA El 57 me llevó un discípulo mío que trabajaba en el Congreso y que sabía que no tenía trabajo. Me dijo que Luis Alatrista de La Tribuna estaba necesitando un redactor, y que le había hablado de mí. Fui pues donde Alatrista, y me dijo, «vea usted Varleiva, yo sé que usted no es aprista, no hay problema, pero aquí hay que decir compañero a toda la gente». Al comienzo comencé a colaborar, no estaba en la planilla del periódico, hasta que se produjo una vacante el año 60, y ahí me prefiere a mí antes que al hijo de Nicanor Mújica, que quería meter a su hijo, pero Alastrista me prefirió a mí. La verdad que al comienzo no me interesaba la política porque yo venía del periodismo deportivo, y todo lo veía deporte. Había leído lo que decía El Comercio, que los apristas eran pro-criminales, pero cuando yo llego al periódico veo que todo lo que decía El Comercio era falso, incluso a esa gente que sindicaban como criminal eran buenas personas, bien amigables. Le estoy hablando nada menos que de Pretell, que estuvo preso 13 años; de Tello, que ha muerto ahora poco; de Melgar, que mató a los Miró Quesada; también llegué a conocer al Zapatón Villanueva que decían que había sido búfalo en su época de muchacho, pero todos eran buena gente, pues. Ahí me convencí que era el odio de El Comercio, un odio porque Melgar había matado a su padre, ese era el odio que le tenía al APRA y azuzaba al ejército, eso es, era el odio. En La Tribuna comencé a escribir de política, tenía que amoldarme al periódico pues, era un diario político, vocero de un partido político. Dejé momentáneamente el deporte y escribí con nombre propio, hice notas por los días de la Fraternidad, también cuando murió Seoane, nota póstuma le he escrito. Yo dirigía el día a día, ponía un cuadro de comisiones, le dices a tu gente, «eso tienes que cubrir tú», al otro otra cosa, así hacía. También tenía que revisar las crónicas. He trabajado con varios directores, con Alberto Valencia, Armando Villanueva, Rivero Vélez, León de Vivero, Nicanor Mújica, con todos ellos trabajé. Ellos no figuraban, no sé por qué, pero lo cierto es que yo aparecía en la primera página como director de informaciones nomás, no figuraban directores. También tenía una columna bien combativa: «La Caravana Pasa», ahí jodía duro. Siempre me acuerdo de una anécdota, cuando el Parque Universitario pues era el centro de la política. Sería como la una de la mañana cuando llegaron al periódico los búfalos, todos jadeantes, y el 379

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