2. LAS BARRAS BRAVAS Desde que existe el fútbol existen los hinchas o aficionados que adhieren a uno u otro equipo. Durante la mayor parte del siglo XX los hinchas se encontraban espontáneamente en las tribunas de los estadios o en sus alrededores, para alentar a sus jugadores favoritos y a los clubes con los que se identificaban. La organización de los hinchas en comunidades de aliento y soporte es un fenómeno contemporáneo que, además, ha sufrido transformaciones hasta convertirse en un actor de presión externo e interno en los clubes, parte fundamental del espectáculo al convertir el aliento en una mercancía, e incluso cuenta con una economía propia de la barra. En el caso peruano las principales barras constituyen redes extensas que articulan numerosos grupos territoriales, que tienen otras dimensiones, incluso más violentas. Veamos cómo se ha desarrollado este proceso. Comando Sur La barra del club Alianza Lima fue fundada en diciembre de 1972 por un grupo de jóvenes de clase media, mayormente empleados bancarios que se habían hecho socios del club atraídos por el prestigio de la bohemia aliancista. Inicialmente se organizan teniendo como referencia el comportamiento de las barras argentinas y deciden trasladarse con banderolas e instrumentos de la tribuna de preferencia (occidente) a la tribuna popular sur, donde habían observado que se celebraba más cálida y ruidosamente los goles del Alianza Lima. Esta tribuna era considerada aliancista pero no había allí un aliento organizado sino uno espontáneo. La idea de estos jóvenes fundadores fue organizar la barra «oficial» del club de acuerdo con su identidad original. Para esto, deciden reclutar hinchas concentrando sus esfuerzos en La Victoria, distrito de gente «pobre», «negra» y «obrera», en el que se ubica el mítico origen del Alianza Lima. Es interesante notar cómo estos jóvenes, a manera de peregrinaje a la tierra santa, recorrieron La Victoria en busca de los auténticos aliancistas. Detrás de este primer grupo de fundadores se fue cultivando en la tribuna popular sur la «tradicional mística» aliancista. Los barristas comenzaron a reproducir en su local los ritos religiosos que realizaban los jugadores aliancistas antes de salir al campo. Prender once velas, orar juntos y encomendarse al Señor de los Milagros, la imagen de un Cristo negro pintado en la colonia por esclavos. Además, el centro de la barra fue ocupado por un bombo de grandes proporciones, instrumento de 337
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx