Ese gol existe 2da edición

Alianza Lima se caracteriza por un juego donde predomina la habilidad y la destreza con el balón. Se trata, sobre todo, de ganar pero jugando «bonito». La superioridad debe quedar así claramente establecida. Universitario, por el contrario, apela a la rigurosa preparación, la fuerza, el coraje y el esfuerzo físico para acortar ventajas e imponer condiciones. Según viejos exjugadores de la época, para enfrentar al Alianza Lima había que tener «empuje» para no dejarlos jugar y hostigarlos hasta «ganarles la moral». Esta fue precisamente la estrategia utilizada por el Universitario de Deportes para sorprender a los hábiles jugadores del Alianza Lima y ganar el primer «clásico». Un resultado que no fue aceptado por los aliancistas argumentando que ni el árbitro ni las autoridades fueron imparciales. Versiones encontradas que siempre aparecen cuando se juega un nuevo clásico. A pesar de la pelea del primer partido y de la tensión de los partidos siguientes que definían el campeón de ese año 1928, la violencia no contaba con la aprobación de los aficionados ni de las autoridades deportivas que la consideraban primitiva y mal educada. La primacía de los elementos semánticos de la identidad (autoafirmación), en un contexto de progreso y modernización de Lima y la sociedad peruana, hace que la rivalidad se exprese en términos de honor, decencia y caballerosidad. De allí surge, por ejemplo, la denominación de «compadres» del fútbol peruano a los clubes Alianza Lima y Universitario de Deportes, y las leyendas urbanas que hablan de jaranas y noches de bohemia que compartían los jugadores de ambos clubes después de los enfrentamientos. Es importante hacer notar que la denominación de compadres hoy en día muy pocos aficionados la utilizan, ya que ha sido remplazada por denominaciones más antagónicas o sintácticas. Durante la segunda mitad del siglo XX, la sociedad peruana ha sufrido una serie de grandes procesos de transformación estructural. Ha dejado de ser una sociedad mayormente rural para convertirse en una mayoritariamente urbana producto tanto de las oleadas migratorias como de la mejora de la salud pública, con el incremento de las tasas de fecundidad, la esperanza de vida al nacer y el descenso dramático de la mortalidad infantil. El crecimiento de las ciudades y la crisis económica de los años ochenta (la década perdida en América Latina) y noventa dio un impulso formidable al sector informal. Y la guerra interna que sufrió el país en la década de los noventa produjo más de 60 000 muertos y miles de desaparecidos que destruyeron el tejido de la sociedad civil y tiñeron de un 335

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