asociados (2002, 1992, 1988), muestran lo arraigado de estas prácticas desde los orígenes del fútbol en Inglaterra hasta nuestros días en la mayor parte del mundo. Precisamente por su persistencia pero al mismo tiempo transformación de sus formas de accionar, y poniendo especial atención a los contextos o configuraciones locales y globales es que proponen el término unificador de hooliganism para referirse a estas prácticas. Otro enfoque útil es el del «gamberrismo», que en general se refiere al comportamiento vandálico, destructor, poco cívico y violento de grupos de aficionados en los estadios. Al respecto Sebastían Salomon (2015), apoyándose en los trabajo de Plaks (2014) y Postmes y Speaars (1988), señala que la desindividuación, entendida como la pérdida de autoconciencia y autoregulación del individuo involucrado en acciones pasionales colectivas que ocurre en las barras bravas es un factor a tomar en cuenta para entender la violencia deportiva. El anonimato que siente el fanático al vivir los partidos vívidamente y en colectivo debilita el sentido de responsabilidad individual convirtiendo esto en algo difuso. Basándonos en el estudio de las dos principales identidades futbolísticas del Perú, los clubes Alianza Lima y Universitario, proponemos el siguiente argumento: en las últimas cuatro décadas, la rivalidad que enfrenta a los hinchas de ambos clubes se ha transformado adquiriendo un carácter más organizado, violento y antagónico. La violencia en el fútbol, de esta manera, se ha convertido en un problema social mucho más complejo, con más actores colectivos involucrados, narrativas radicales de descalificación al adversario, y formas diversas de expresión, todo lo cual requiere la atención del Estado y la sociedad civil. La situación era diferente en la primera mitad del siglo XX, cuando las identidades deportivas estaban firmemente arraigadas en clivajes de clase, etnicidad, barrio, nacionalidad u ocupación. Los enfrentamientos y las disputas entre los aficionados sucedían en forma espontánea, al calor de los partidos, pero no contaban con legitimidad social, ya que colisionaban con las nociones de decencia, caballerosidad y buena conducta que promovía la práctica del deporte como muestra de modernidad y civilización. El fútbol entonces era considerado un espectáculo familiar y no existían grupos organizados para el aliento ni el enfrentamiento. La pregunta es, entonces, ¿por qué y cómo ha ocurrido este cambio del sentido de la rivalidad y en el ejercicio de la violencia en el fútbol? Para responder hay que analizar el proceso histórico dentro del cual este cambio ocurre y allí descubriremos que este es facilitada por un contexto social, 332
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