semifinales y la final; Lima fue, además, la sede del Grupo A, en el que jugó la selección peruana. Si esta situación se compara con la organización del Campeonato Sudamericano de Fútbol jugado en Lima en 1927, se puede apreciar que el fútbol es ahora un deporte que goza de una identificación que no se reduce a la capital. Esto es un reflejo del hecho de que se ha producido cierta descentralización, no solo del fútbol, sino también de la presencia provinciana dentro del concepto de nación y como cara pública del Perú frente a un público mass mediático internacional (recuérdese que uno de los problemas para la selección que fue al Mundial de 1930 en Uruguay, era que no se quería dar la impresión de que el Perú era un país de negros). No obstante, el fútbol nos confirma de nuevo que hasta cierto punto Lima sigue representando el Perú, asumiendo el rol de mediador de la más alta representación de lo nacional (como sede de la selección), con la participación del país en el ámbito internacional (como escenario de los partidos claves). Al mismo tiempo, para el público televisivo internacional del torneo, el Perú fue sobre todo un país costeño, y si esto podría explicarse en parte por razones futbolísticas (cuestiones de altura, oxígeno e infraestructura), la identidad del país en términos de su representación para el público internacional parece seguir siendo más bien costeña, por lo menos con respecto al escenario de eventos claves. Las tensiones inherentes en la identidad peruana, entre nacionalismo y cosmopolitismo, y entre tradición y modernidad, convergen también en el logo seleccionado para la Copa América 2004, donde una pelota sirve como el eje que conecta al Chasqui con las palabras «Perú 2004» y «Copa América». Tal diseño tiene resonancias inevitables con respecto al triunfo del equipo cusqueño en la Copa Sudamericana del año anterior, y el fútbol logra de nuevo tejer conexiones entre las culturas milenarias (la figura del chasqui sonriente) y conceptos modernos de la nación («Perú 2004») que se desenvuelven en un ámbito internacional (el lema «América unida por su pasión» que aparece debajo de «Perú 2004»). Sin embargo, como ya se vio en cuanto a la organización del torneo, la integración armoniosa y equilibrada de estos factores diversos es más difícil en la práctica que en la producción de un logo publicitario. Regresando a los años 60, es curioso, pero nada casual, que los procesos que se han descrito antes sirviesen como antecedentes de los mejores resultados de la selección peruana en los Mundiales, ya que se clasificó para la etapa final en 1970, 1978 y 1982, perdiendo en los cuartos de final de México 70 frente a la poderosísima selección brasileña. El Perú también 324
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