un clímax al celebrar un gol en la pantalla que tienen por delante. El fútbol desempeña un papel parecido en «El sueño del Domingo (por la tarde)» de la colección Entre mujeres solas de Giovanna Pollarolo, publicada en 1991. En este poema, una familia se ubica en el espacio que sigue al almuerzo dominical, con la esposa y la hija a la espera de «el click de la radio/para ser expulsadas al lado de la cocina» (1991, p. 21), mientras el esposo-padre escucha un partido tumbado en la cama, donde «él vibra por la pasión de un gol/olvidado ya del amor» (1991, p. 22). Además de representar de nuevo la sublimación sexual masculina, Pollarolo expresa a través de la hija la esperanza de que los cambios que se han venido produciendo en la sociedad continúen hasta llegar a una situación en la que la pareja ideal del hombre no sea el fútbol, sino la mujer: «Me juro que cuando sea grande/no seré como ella/y él, al que aún no conozco/no será como él:/en mis días no habrá plancha/ni fútbol ni lamentos» (1991, pp. 21-22). Las poetas serán menos entusiastas con respecto al fútbol como práctica social y deportiva, pero reconocen su potencial como símbolo de las relaciones de género y de poder, y lo usan de manera eficaz para hacer hincapié en las desigualdades que existen en estas relaciones193. Ya se mencionó la importancia de los medios masivos en los años 20 y 30 para la construcción de lo que Benedict Anderson denomina una «comunidad imaginada», pero fue solo a finales de los años 60, con la introducción de las radios a transistores, que la radiodifusión en particular se puso al alcance de la mayoría de los peruanos de zonas rurales o de los sectores más bajos de la población urbana. El mayor acceso a la radio, y al periodismo deportivo (gracias a más altos niveles de alfabetización a consecuencia de la rápida expansión del sistema educativo en la misma época), facilitaron los esfuerzos del régimen de Velasco por construir una identidad nacional más abarcadora. Las 35 estaciones de radio en la Lima de finales de los años 60 reflejan el espectro cada vez más amplio de experiencias y prácticas culturales que se venían aceptando como parte de la cultura nacional, y en 1974 había unas 530 000 casas con radio, con un promedio de 6,5 oyentes por casa (Gargurevich, 1987, pp. 159-177, 222), cifras que indican que más de una cuarta parte de la población del país tenía acceso a programas radiales, incluidos los numerosos comentarios de partidos de fútbol. Más allá del periodismo deportivo en los medios impresos, 1962 presenció el estreno de «Supercholo» en El Comercio, donde el genial futbolista sintetizó la cada vez mayor presencia nacional del fútbol y la creciente aceptación de la identidad y las prácticas 321
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