varias oportunidades, pero su función principal parece ser la de simbolizar el conflicto entre los Andes y la costa con respecto a tradiciones y valores, perpetuando así la visión dualista de la experiencia cultural —y la identidad— del país. En este período, otras muestras de la paulatina penetración del fútbol en formas culturales tradicionalmente de élite se encuentran en el arte: con el ocaso del indigenismo como discurso político y cultural a partir de los 50, quizás cumplida su misión, algunos artistas prestaron atención a otros sectores marginados más allá de la población indígena. Dos ejemplos de este proceso son Muchacho de pelota roja de Julia Codesido y El Taquito de Aquiles Ralli, obras que comunican el goce del fútbol practicado por niños de la calle, descalzos pero ágiles y hábiles, captados por una mirada que reconoce que constituyen una parte tan representativa de la cultura nacional como el arte culto que los representa. Es recién a finales de los años 60, y sobre todo en los 70, que el fútbol llega a ocupar un espacio más central con respecto a su representación y mediación en otras formas culturales. Contribuye así a la penetración de experiencias y prácticas culturales populares en la vida nacional, y obras como Los cachorros de Vargas Llosa y Huerto cerrado de Bryce Echenique le dan importancia al fútbol como elemento significativo de la realidad del espacio urbano habitado por sus protagonistas adolescentes de clase media. Un mundo para Julius, novela de Bryce Echenique de 1970 que trata de la vida de una familia oligárquica, ofrece algunos puntos de comparación interesantes y reveladores con respecto a Duque, novela que se escribió 40 años antes: si en la novela de Diez Canseco el fútbol figura exclusivamente como espectáculo para los oligarcas, en Un mundo para Julius se ve como una práctica cotidiana de los chicos de un colegio exclusivo, y como elemento importante en la creación de identidades. En este sentido, también se puede establecer comparaciones con Los ríos profundos, donde la identidad que comunica el colegio religioso a sus alumnos se basa en valores tradicionales de la élite criolla, y donde los conflictos raciales siempre están latentes. Por contraste, en el colegio de Julius en Lima se acepta que niños de la élite blanca sean hinchas del Alianza Lima, a pesar de que sea todavía el club asociado con los negros de la clase obrera. Por otro lado, la marginación de Cano en ese ambiente se confirma mediante su afición por Sport Boys y su falta de habilidad en los partidos que se armaban en los recreos. Hacia 1970 parece que el fútbol había sido aceptado como parte del panorama cultural nacional y representaba un medio para la forja de identidades que iban más allá de las 317
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