Ese gol existe 2da edición

gobierno de Belaunde, o la reforma agraria que implementó el régimen de Velasco Alvarado, que asimismo dio valor oficial al quechua y buscó incorporar a los migrantes en instituciones políticas y culturales. Otra puerta de entrada a estos procesos socioculturales lo da el análisis de la producción cultural del país durante este período, en el que se hace cada vez más evidente el reconocimiento y la aceptación del fútbol como práctica cultural emblemática, no solo de las clases tradicionalmente subordinadas sino también de la nación entera. Aunque los años 20 y 30 habían visto una producción cultural regular con respecto a documentales cinematográficos y canciones, y el periodismo deportivo ya se había establecido (de ahí las crónicas de fútbol en La Lima que se fue de José Gálvez, única figura literaria que ha dado nombre a un equipo), la presencia del fútbol en otros medios culturales de aquella época era prácticamente nula, ya que tanto al arte como la literatura se caracterizaban por el indigenismo (donde se daba expresión a la cultura andina) o por tendencias vanguardistas importadas de Europa (caracterizadas por su abstracción). De hecho, casi la única literatura futbolística de aquella época que podría considerarse peruana fue la de algunos poemas de Juan Parra de Riego, nacido en Huancayo pero residente en Uruguay; en efecto, su «Polirritmo dinámico a Gradín, jugador de fútbol» se inspiró en uno de los crack de ese país, y su «Oda al fútbol» es una expresión más universal que estrechamente peruana. También hay varias referencias al fútbol en Duque, la novela de Diez Canseco que describe la decadencia de miembros de la vieja oligarquía limeña. En esta obra cabe destacar que el fútbol sirve como punto de referencia a períodos de residencia en Inglaterra (afirmación de una identidad criolla tradicional), como sujeto de patronazgo (afirmación de superioridad socioeconómica), o como espectáculo que emociona a mujeres y a hombres cuya masculinidad se cuestiona (afirmación de jerarquías de género). Si nos dejamos guiar por el rol que desempeña el deporte en esta obra, el fútbol parece haber perdido su encanto como deporte practicado por la élite, que prefería el tenis, el golf y el polo (a diferencia del fútbol, estos seguirían siendo deportes elitistas debido a los implementos costosos y a la necesidad de contar con amplios terrenos especializados). En los años 30 y 40 el fútbol mantuvo una mínima presencia con respecto a su representación en la producción cultural nacional, pero figura en una de las novelas claves de los 50, obra que había comenzado a escribirse ya en los 40, a saber, Los ríos profundos. En la famosa novela de Arguedas presenciamos partidos de fútbol en 316

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx