Ese gol existe 2da edición

Para Muñoz Cabrejo, «La difusión y el lugar que el deporte comienza a ocupar a finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del siglo XX, marcarán una clara diferencia con el estilo de vida de la Lima de 1950, donde el deporte ocupaba un lugar sin importancia» (2001, p. 206), y las décadas de los años 40 y 50 fueron sin duda menos significativas en términos del desarrollo del fútbol nacional. Aun así, habría que mencionar que el arribo del profesionalismo en 1951 y el hecho de que la élite siguiera administrando un fútbol que ya era una práctica completamente dominada por las clases populares, se observan en la decisión de la FPF (1952) de prohibir a Valeriano jugar de por vida porque este insultó involuntariamente al embajador peruano en los camarines después de una derrota frente a Chile en Santiago. Los años 50 también vieron nuevas tentativas de un presidente populista que buscaba aprovechar la popularidad del fútbol, como con la reconstrucción del Estadio Nacional en 1952 —parte de un programa de medidas populistas que llevó a cabo el gobierno militar de Odría—. La reapropiación estatal del fútbol por un régimen que favorecía los intereses de la oligarquía, encontró expresión simbólica en el hecho de que, al prenderse las flamantes luces del Estadio, muchos hogares del distrito de La Victoria, cuna del fútbol popular y del Alianza Lima, sufrieran apagones. Sin embargo, el fenómeno más trascendental de esas décadas fue la migración masiva, que produjo la inversión de la tasa de población rural/urbana del 72% rural en 1950 al 72% urbana en 1993. Con respecto al tema de la identidad, este proceso de migración hizo borrosas las dicotomías de la tradicional identidad cultural binaria que funcionaba sobre la base de marcadas diferencias entre la costa y la sierra. Al mismo tiempo que la población de la capital aumentó en un 500% entre 1961 y 1993, según los censos de esos años (comparado con un aumento nacional de 260% en el mismo período), la condición hegemónica de Lima experimentó un profundo cuestionamiento al convertirse en lugar de residencia de un amplio espectro de prácticas culturales que habían sido consideradas como otras por la tradicional élite de la costa. Como ya se mencionó, esta es la época en la que la cultura criolla, basada en la cultura de la élite costeña con la incorporación de algunos elementos de la cultura popular afroperuana, recibió un desafío a su posición como cultura nacional oficial de la cultura mestiza y, más adelante, de la cultura chola. Varios gobiernos emprendieron medidas que privilegiaron como nunca antes a las provincias y a los migrantes: por ejemplo, la serie de obras públicas realizadas en provincias por el primer 315

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