único del Alianza Lima, y jugadores como Lolo Fernández de la U, Valeriano López de Sport Boys y el equipo de Atlético Chalaco gozaron de homenajes parecidos que inscribían figuras populares en la memoria colectiva. Un caso interesante, pero inverso, de esta relación entre fútbol y música, es José María Lavalle, quien tenía fama por su «dribleo» al ritmo de la marinera que se tocaba en las tribunas, y quien al celebrar sus goles sacaba un pañuelo para acompañar sus pasos. Lo que todos estos ejemplos nos indican es que en la época en la que la cultura criolla incorporó aspectos de la cultura afroperuana, que llegó a constituir así un elemento central de la cultura nacional, el fútbol era una práctica cultural capaz de combinar formas populares de creatividad y participación con una perspectiva nacional e internacional. Si la canción criolla llegó al escenario nacional en los años 30, su popularidad ha sido duradera, y la relación continua entre esta forma musical, el fútbol y la identidad nacional se ilustra claramente con la polca criolla —bastante optimista— «Perú Campeón», dedicada a la selección que participó en el Mundial de 1970. Para volver al uso que el Estado hizo del fútbol como forma de legitimación, otra vía por la cual la élite retomó el control de la práctica floreciente del deporte entre la población de la capital, fue a través de la creación de una estructura organizadora que se encargaría de los partidos competitivos. La Federación Peruana de Fútbol, fundada en 1922, asumió el control de las ligas locales después del colapso de la Peruvian Soccer League, que había sido formada una década antes por amateurs de varios clubes limeños exclusivos, y la estrecha relación entre las clases hegemónicas y la FPF se refleja en el hecho de que cada uno de sus 39 presidentes ha sido de descendencia europea, y que todos han sido abogados, empresarios o militares. Las tensiones entre la oligarquía tradicional, que administraba el fútbol, y las clases populares, que ya dominaban su práctica, se ejemplificaron en el notorio episodio de la expulsión del Alianza Lima de la Liga en 1929, después de desacuerdos acerca del trato a sus jugadores en los preliminares para el Mundial de 1930. A pesar de los malos resultados de la selección en el Mundial, que sin duda se debían en parte a la ausencia de las estrellas del Alianza Lima, muchos no lamentaban la ausencia de los excelentes jugadores negros, ya que temían dar la impresión en el escenario internacional de que el Perú era un país cuya producción cultural estaba dominada por los negros. Después de ser expulsado de la Liga, el Alianza Lima se vio obligado a 313
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx