pronto el Estado y la élite comprendieron la utilidad del deporte en la formación del hombre viril, con voluntad y capacidad de acción, que el Perú necesitaba» (2001, p. 199). El fútbol, en particular por sus leyes y trabajo en equipo, además de las connotaciones de modernidad y progreso que conllevaba por sus orígenes ingleses, gozó de mucho apoyo entre algunos sectores de la élite para el fomento de las cualidades físicas y morales que se consideraban apropiadas para mejorar la nación. En las primeras décadas del siglo XX, el indigenismo recibió el apoyo de una serie de importantes intelectuales, figuras políticas y productores culturales, sobre todo en los campos del arte y la literatura. Al mismo tiempo, la cultura criolla hegemónica incorporó algunas prácticas culturales de la población afroperuana de Lima, tales como la procesión del Señor de los Milagros y el baile de la marinera, y el gobierno de Leguía trató de encauzar el apoyo popular al fútbol a través de una creciente institucionalización del deporte. En aquella época, los dos modelos culturales —indigenista y criollo— ocupaban espacios (sean estos geográficos, étnicos, económicos o culturales) claramente separados, pero la migración masiva, sobre todo de los Andes a las ciudades de la costa, hizo que las delimitaciones entre lo indígena (tradicionalmente andino) y lo criollo (tradicionalmente costeño) se volvieran cada vez más borrosas a mediados del siglo XX, lo cual dio lugar a tentativas de reconciliar las dos posiciones a través de los conceptos de «mestizaje» y «mestizo», celebrados por José María Arguedas en su estudio de 1958 sobre el escultor ayacuchano López Antay. El suicidio de Arguedas, una década más tarde, marcó acaso una muerte simbólica del mestizaje y de su visión de una convivencia armoniosa entre lo europeo y lo andino; no obstante, en los años 70 el gobierno de Velasco Alvarado promovió la cultura chola como identidad nacional, poniendo en un primer plano, como nunca antes, características étnicas y culturales andinas. Con el retorno de un gobierno de índole tradicional en 1980, el concepto de «cholo» perdió vigencia como expresión oficial de la cultura nacional, y el surgimiento de Sendero Luminoso, asociado ante todo con la región sur-andina, provocó un nuevo cuestionamiento de la relación entre el Estado y los modelos socioculturales que provenían de los Andes. Ahora, a comienzos del siglo XXI, la crisis de las hegemonías que ha venido caracterizando a diversos ámbitos de la vida pública peruana, ha conducido a una cada vez mayor aceptación del carácter heterogéneo del panorama cultural nacional, en el 309
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