cual la impresión dominante es la de la inexistencia de un modelo hegemónico único. A finales del siglo XIX, la cara pública del fútbol en el Perú tenía rasgos ingleses, ya que era un deporte que jugaban amateurs de la comunidad británica y la élite anglófila, en canchas de césped separadas por murallas de la realidad limeña cotidiana, aunque también parece que marineros ingleses jugaban partidos con obreros en el puerto del Callao. En aquella época, se podría sugerir que las asociaciones de fútbol, mayormente elitistas, hacían que fuera representativo de la identidad nacional, por lo menos como reflejo de sus estructuras institucionales y su producción cultural «oficial». Sin embargo, todo esto cambió durante las primeras décadas del siglo XX, cuando la apropiación del fútbol por las clases obreras de la capital, y la simultánea emergencia de partidos políticos que buscaban representar sus intereses, condujeron a una mayor presencia pública de sectores que hasta entonces habían tenido una presencia político-cultural muy limitada. La máxima expresión de este fenómeno en el campo del fútbol fue la aceptación del Alianza Lima, íntimamente asociado con el distrito de La Victoria, lugar de residencia de un alto porcentaje de la población afroperuana192, como el mejor equipo de la capital. Puesto que no se había organizado campeonatos de fútbol en provincias, el Alianza Lima también llegó a reconocerse como el mejor equipo del país. De esta manera, la excelencia futbolística dejó de asociarse con la élite blanca, pasando a percibirse como parte de las prácticas culturales de la población afroperuana en cuestión de dos décadas. El que sectores de las clases populares adoptaran este deporte a comienzos del siglo XX, significó una ruptura en la asociación entre fútbol y élite socioeconómica; pero frente a la posibilidad de que el fútbol se convirtiera en una forma de cultura popular con características autónomas en cuanto a su organización y práctica, y que sirviera para forjar vínculos de clase entre el nuevo proletariado urbano cada vez más movilizado por el sindicalismo naciente, la élite no permitió que esta ruptura durara mucho. 310
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx